Mario Tassías
Maquillar es la acción que sirve para aplicar cosméticos en el rostro, embellecerlo o caracterizarlo. Sirve para encubrir, falsificar o alterar el aspecto de una cosa. Y eso hicieron los Senadores, un alarde que los diputados rechazaron con la llevada y traída reforma política y ley de seguridad nacional.
Estos “prototipos de demócratas”, suponen mal, si creen que lo que pretenden pasar como un ejercicio al servicio de la patria, no es más que un afeite para simular que trabajan en bien de sus representados, pero en realidad se sirven con la cuchara grande y gozan de manga ancha.
Se les llena la boca para decir que el Senado cumplió con las reformas. Se da poder a los ciudadanos con las candidaturas independientes y con la iniciativa ciudadana.
Con la boca llena, los senadores anuncian que ahora ya podrán reelegirse diputados y alcaldes. Los diputados califican como “abuso de confianza”. Pero enmudecen en otros asuntos. Plurinominal es el diputado que sin buscar el voto de los ciudadanos se convierte en legislador. Representa el poder de las cúpulas de los partidos. Son 200 sanguijuelas que también sangran al país. Son los becados, que dice Manlio Fabio Beltrones para que se ocupen en algo y no molesten con movimientos sociales que alteren la tranquilidad nacional. Fernández Noroña no ha escuchado esta denominación para la representación que ostenta.
En el caso de los Senadores también hay tela, mucha tela de donde cortar. La Cámara de Senadores se integra por 128 senadores, de los cuales, en cada Estado y en el Distrito Federal, dos son electos según el principio de votación mayoritaria relativa, con esos sería suficiente pero uno es asignado a la primera minoría. Los 32 senadores restantes son elegidos por el principio de representación proporcional, votados en una sola circunscripción plurinominal nacional.
Para ponernos en contexto. Los senadores introdujeron a la Carta Magna la base normativa para la existencia y regulación de candidaturas independientes a cargos de elección popular, tanto federal como local. El dictamen en manos de los diputados, se traspapeló.
Concedieron como una graciosa dádiva que los ciudadanos sean sujetos constitucionalmente legitimados para iniciar leyes o decretos ante el Congreso de la Unión, con el requisito de que esas iniciativas cuenten con el respaldo de al menos el equivalente al 0.25 por ciento de la lista nominal de electores.
Establecieron que se realicen consultas populares cuando se trate de asuntos de trascendencia nacional y convocadas por el Congreso de la Unión a petición del presidente de la República, así como cuando lo requiera el 33 por ciento de los integrantes de cualquiera de las cámaras del Congreso, los ciudadanos en un número igual, al menos, al dos por ciento de los inscritos en la lista nominal de electores.
Hubo acuerdo para otorgarle otras atribuciones al Presidente para que pueda hacer observaciones al Presupuesto de Egresos de la Federación. Aprobaron una adición al artículo 115 constitucional, con la finalidad de que las constituciones de los estados definan las bases para la elección de los ayuntamientos.
Sin embargo, los diputados federales ignoraron la reforma política enviada por el Senado. No abrieron el debate sobre su contenido. Fue turnada a tres comisiones, con opinión de una más. La falta de acuerdos también frenó la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional.
Los verdaderos rostros de los legisladores, diputados y senadores los conoce la ciudadanía. Basta de maquillajes. Cuesta trabajo entender que “la política es el departamento de ‘Espectáculos’ de la industria”, como lo dijo alguna vez Frank Zappa (1940-1993).
