Punto de Vista

Mario Tassías

Aunque para los especialistas resulte por el momento irrealizable, la Cámara de Diputados aprobó una reforma constitucional, que otorga el derecho a toda persona a recibir por parte del Estado la educación media superior, con esta nueva disposición, será obligatoria la educación desde preescolar hasta preparatoria.
Dicen los expertos, que elevar la preparatoria a nivel de obligatoriedad representará la erogación de un presupuesto que no está incluido en toda su extensión. Que el estado no está preparado para soportar la demanda de egresados de secundaria, la prueba se revela en cada nuevo ciclo escolar. Por otro lado, las universidades no tienen capacidad instalada para recibir a los egresados del nivel medio superior.

La iniciativa de ley, que da origen a los cambios a los artículos 3° y 31 constitucionales, estuvo congelada casi ocho meses, fue sancionada el pasado 11 de diciembre con la aprobación de 299 votos, cuatro en contra y 11 abstenciones. El Artículo 31 es el que determina que como padres tenemos la obligación de hacer que nuestros hijos o pupilos concurran a las escuelas públicas o privadas, para obtener la educación preescolar, primaria, secundaria, ahora preparatoria y reciban educación militar, en los términos que establezca la ley.

La obligatoriedad de la preparatoria implica una serie de adecuaciones administrativas y por supuesto de índole presupuestal, lo que incita a la implantación de una política de estado que tenga a la educación como eje fundamental para el desarrollo nacional, apunta el dictamen y advierte que la educación preescolar y primaria que se imparta a los miembros de los pueblos indígenas será bilingüe.

La anterior modificación a esta, al artículo 3° Constitucional data del 12 de noviembre de 2002, cuando se estableció que “La educación preescolar, primaria y la secundaria conforman la educación básica obligatoria”.

Una pasada por la historia reciente señala que el 19 de agosto de 1999, de eso hace ya nueve años, el Congreso del Estado de Jalisco conoció de una iniciativa de ley que modificaba el artículo 3° de su constitución local. Ahí se dijo que debía ampliarse el espectro educativo bajo el argumento de que abriera el acceso a la educación media y superior para enfrentar el déficit de cobertura y la presión adicionales de las nuevas generaciones de egresados. El 29 de abril del año 2000 el decreto número 18280 anunciaba la obligatoriedad del bachillerato en el Estado de Jalisco.

Dicho en pocas palabras, la iniciativa aprobada la semana pasada por la Cámara de Diputados, parte de una iniciativa jalisciense presentada en 2003. Tres años después de que fue aprobada por el Congreso de aquel estado.

Un somero repaso al estado actual de la educación en nuestro país y en Chiapas en particular, nos deja una sensación de orfandad al hacer el recuento de los cientos de rezagados. Unos van a hipervelocidad y otros todavía no despiertan de la obscura noche del analfabetismo. Es una muestra latente de los grandes contrastes en una sociedad desigual.

En la vida hay caminos de trechos cortos y largos. El de la educación es mucho más que una calle amplia, bastante transitada y con distancias ilimitadas, que requiere de una atención colosal. No basta adornarla para que luzca espléndida a la vista.

Luchar “contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios”, es ampliar las ventanas para ver el mundo. Es cumplir con la misión de dirigir, encaminar, doctrinar, desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven, para lograrlo se requieren de algo más que un decreto, aunque por algo se empieza.

comunicologo10@yahoo.com.mx

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