Punto de Vista

Mario Tassías

La ominosa concentración de la riqueza, frente a la condición de pobreza y miseria de las clases campesinas, fue una, entre otras razones, que detonaron la llamada revolución mexicana, que tiene un proceso incompleto.
Cien años después, hay un reclamo que traspasa los límites. “No debe justificarse el acaparamiento de tierras”, señalan los movimientos sociales y las organizaciones de la sociedad civil.

El pasado 17 de abril se celebró el Día Internacional de las Luchas Campesinas, organizaciones de hombres y mujeres que labran la tierra, pescadores artesanales, de derechos humanos y de investigación han criticado al Banco Mundial, a tres agencias de Naciones Unidas y varios gobiernos por promover inversiones agrícolas que tienen como resultado acaparamientos de tierra en gran escala.

Entre el 18 y el 20 de abril, inversionistas, funcionarios de gobierno y personal de organismos internacionales se reunieron en Washington para la Conferencia Anual del Banco Mundial sobre Tierra y Pobreza. Discutieron cómo operar un marco de trabajo conocido como Principios para la Inversión Agrícola Responsable (IAR), formulado por el Banco Mundial, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) y la Organización de Agricultura y Alimentación (FAO). Los principios de “inversión agrícola responsable” son siete. Los inversionistas deciden obedecer o no, cuando realicen adquisiciones de tierras agrícolas.

Una declaración publicada por los Amigos de la Tierra Internacional, la Campaña Global por la Reforma Agraria, el Centro de Estudios para el Cambio en el Campo Mexicano, FIAN International, Focus on the Global South, el Foro Mundial de los Pueblos Pescadores, GRAIN, La Vía Campesina, Land Research Action Network y Rede Social de Justiça e Direitos Humanos, http://www.grain.org/o/?id=113 llama a prohibir de inmediato el acaparamiento de tierras.

Según Henry Saragih, de La Vía Campesina, “Los principios de ‘inversión agrícola responsable’ legitimarán el acaparamiento de tierras de peor manera que en la era colonial. No habrá lugar para que vivan los campesinos, los pueblos y las comunidades”.

“Las adquisiciones de tierra en gran escala están diseñadas para abrir nuevos espacios a la agricultura industrial, orientada a las exportaciones”, afirma Henk Hobbelink, de GRAIN. “Ésta no es una agricultura que le dé de comer a la gente en formas justas y sustentables”.

Las narraciones que llegan de Asia, África y América Latina revelan que las comunidades locales son despojadas de su única fuente de seguridad de vida y alimentación. Por lo menos 50 millones de hectáreas de tierras agrícolas —suficientes para darle de comer a 50 millones de familias en India— fueron transferidas de los campesinos a las corporaciones en los últimos años. Los agentes de inversión calculan que ya se han comprometido unos 25 mil millones de dólares a nivel global, y alardean que la cifra se triplicará en un futuro muy próximo. Los principios de “inversión agrícola responsable (IAR)” le ofrecerán una careta de respetabilidad a estos inmensos negocios de tierras.

“Los principios de IAR son peligrosamente engañosos”, asevera Shalmali Guttal, de Focus on the Global South. “Las corporaciones y los gobiernos ganarán, pero las comunidades locales, los ecosistemas y las futuras generaciones habrán perdido…”

“La violación los derechos humanos es una parte intrínseca del acaparamiento de tierras”, alegó Sofía Monsalve, de FIAN Internacional. “Son violaciones las expulsiones por la fuerza, los cierres de vastas extensiones de tierra que ya no podrán utilizar ni ahora ni el futuro los pueblos rurales”.

María Luisa Mendonça de la Red Social para la Justicia y los Derechos Humanos en Brasil apuntó que el “… acaparamiento de tierra devastará la Amazonía y El Cerrado, al darle luz verde a las ilegales actividades de los grandes ganaderos, las agroempresas y las compañías mineras y madereras que destruyen los bosques protegidos y la biodiversidad de la producción alimentaria de los campesinos e indígenas”.
Para Ibrahim Coulibaly de la Coordinación Nacional de las Organizaciones Campesinas de Mali, miembro de La Vía Campesina, “El acaparamiento de tierras es bandolerismo de Estado; tiene que ver con arrebatar o tomar el único recurso que le queda a la gente para dárselo a quienes ya tienen demasiado y son extremadamente ricos. Eso es inaceptable”.

El pronunciamiento conjunto, llama a impulsar una renovada y genuina reforma agraria y una inversión agrícola, que apoye a los campesinos y productores en pequeña escala, a que produzcan en sus propias tierras por medios agroecológicos.

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