Mario Tassías
En Chiapas, como en otros estados del país, peatones y conductores de vehículos desconocen sus derechos y obligaciones. No hay necesidad de realizar encuestas, a menos que sirvan para justificar un proyecto, para enfrentar el enorme reto. Debido a lo anterior, ya se padecen los problemas viales de las grandes urbes.
La Capital centraliza poco más del 29.9% de los automotores. Una ciudad que no fue planeada para desplazar semejante carga vehicular, ya es un Distritititito Federal.
Tuxtla Gutiérrez, Tapachula de Córdova y Ordóñez, San Cristóbal de Las Casas y Comitán de Domínguez, son las ciudades en donde se concentra el 47% de los 521,625 vehículos automotores que registra para Chiapas, el Observatorio Nacional de Lesiones, Secretariado Técnico del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes, dependiente de la Secretaría de Salud.
Sin contar con la cifra de los accidentes fatales, el INEGI reporta que durante 2009 en Chiapas se registraron 3,655 accidentes de tránsito terrestre en zonas urbanas y suburbanas, de los cuales 1,250 es decir, 34% ocurrieron en la capital estatal. Vale decir que el factor de esos accidentes fue la falta de precaución. Por supuesto que una alto porcentaje de los involucrados, conocen cuáles son sus responsabilidades, obligaciones y derechos, pero hacen poco para cumplirlos.
Si a eso agregamos la falta señalización y mal estado de los caminos, podemos englobar el tema en una constante. La gente poco observa. No hay respeto entre sí. Los conductores solo manejan no guían. La autoridad vial municipal descuida semáforos y una justa aplicación de la reglamentación. En resumen falta cultura cívica y vial.
Un estudio parcial podría robustecer la idea de que los automovilistas, no respetan los semáforos. No se detienen en las esquinas antes de cruzar la calle. Subidos al vehículo se olvidan de las normas. El automóvil privado da estatus, confort, imagen y hay quienes se exacerban. No alcanzan a entender que antes y después de manejar son peatones.
Quienes viajan principalmente en transporte público, representan otra imagen y forman parte de la escala menor. Aquí los accidentes son provocados por conductores del servicio colectivo.
Con insistencia se vocea que el peatón es primero. Es decir que el principal, anda a pie. La normatividad obliga a los peatones a cruzar por las esquinas o zonas marcadas, utilizar puentes y pasos peatonales, ser precavidos, acatar las señales y obedecer a los policías de tránsito. Pero los peatones, como muchos automovilistas, no tienen cultura vial.
Si la coincidencia es que falta educación e información vial, ya se hizo tarde para que las autoridades municipales desarrollen programas y capacitaciones para los conductores, dirigidos a estudiantes y profesores de todos los niveles educativos y también a los peatones.
Debería ser una necesidad conocer el Reglamento de Tránsito y Vialidad; también sobre prevención de accidentes y primeros auxilias; manejo a la defensiva; protección civil; relaciones humanas y educación cívica; facultades expresas y limitadas de la autoridad; respeto a los señalamientos; comportamiento del peatón en la vía pública y del uso adecuado de las vialidades, ¿acaso es mucho para salir del problema de vialidad que vive a diario una ciudad que afronta problemas que padecen las grandes urbes? En el mismo tenor están Tapachula de Córdova y Ordóñez, San Cristóbal de Las Casas y Comitán de Domínguez.
