Punto de Vista

Mario Tassías

De lo que se trata, es que cada quien tiene que hacer según su responsabilidad moral y social. Y don Samuel Ruiz manifestó otra vez la herida, es una lesión que causa pena, dolor y pesadumbre. Al hablar en la inauguración del Noveno Congreso de Psicología Social de la Liberación, que se celebró los días 14, 15 y 16 noviembre en San Cristóbal de Las Casas, ha abierto y dilatado el tema.
Su voz sigue pontificando. Tiene autoridad moral y la asume para encarar retos. Es un personaje controvertido. Su poder de convocatoria está fuera de toda discusión.

Ante más de mil 500 asistentes y académicos de 25 países, el Tatik ha dicho que en un mundo que gira a diferentes velocidades, con el tiempo y espacio de los marginados estancado, hace ya mucho tiempo: “Nos toca a cada quien, renovar postulados y seguir buscando alternativas viables para la una liberación integral”.

De lo que se trata es de ser más conscientes del momento histórico que estamos viviendo. El hoy y el ahora, no es solo aquello que nos sucede todos los días. La acción de la liberación nos pone en libertad y algo más complejo. La libertad es un hábito que se adquiere.

Cuando el obispo emérito de la Diócesis de San Cristóbal dice que el modelo neoliberal está llegando a su fin, hay un cambio de época en el cual la “estatua del sistema se derrumba”. En síntesis, se refiere a la teoría política que tiende a reducir al mínimo la intervención del Estado.

Es una lucha sorda para quienes se han acostumbrado, a fuerza del sufrimiento diario, a vivir en condiciones infrahumanas. Es la desigual batalla de los que todos los días enfrentan retos descomunales, y todos los días son derrotados por una realidad que les es adversa desde antes de la concepción.

Y si a eso le agregamos estructuras sordas que les marginan, el panorama es sombrío. Preguntas sin respuestas convincentes, circundan panoramas intelectuales que políticamente resultan inconvenientes y mientras tanto esos seres humanos marginales permanecen en la oscuridad de la historia. Miles de ellos no saben qué hacer. Llorar ya no es suficiente. El sufrimiento es una carga de peso inmenso. Quizás caminar sea la alternativa. El problema sería determinar hacia dónde se camina.

¿Qué hacer? Desde la perspectiva del purpurado, son el hombre y la mujer con sentido de conciencia moral, quienes tienen que comprometerse y sumarse a la liberación de “los más cercanos, los que están junto a él… sus prójimos”. Es hacer valer la máxima del antiguo decálogo: Ama a tu prójimo como a ti mismo, y entonces girar en torno a un círculo infinito. Origen y destino. Nacer, crecer, reproducirse y morir.

Acaso luchando, un día se termine la confrontación y nazca la convivencia, o habrá de germinar un nuevo método que en vez de derribar, construya. En lugar de odiar, despertar la conciencia para repartir con los que poco o nada tienen. Se trata de que la ausencia de bien, no sea la presencia del mal. Es rehacer lo que otros han destejido, y en esa labor estamos convocados todos, aunque ya se sabe que, también en este caso pocos somos los elegidos.

comunicologo10@yahoo.com.mx

¡Comparte la nota!