Mario Tassías
Sacudidos por imágenes contrastantes, la jornada del 4 de noviembre, es histórica. Por primera vez en la historia de una nación con antecedentes de discriminación racial ocurre la elección de un aspirante de piel negra y origen africano. En México cae un avión y de inmediato, por las responsabilidades del cargo del secretario de gobernación, en torno al informe oficial se tejen especulaciones cuchicheadas.
La elección de Barack Obama abriga la esperanza de que algo esté cambiando en este mundo de contrastes. Más allá de la euforia por un triunfo largamente anunciado. Obama tiene tareas inmediatas que hacer. Son tareas que lo dimensionaran como estadista o lo rebajaran al senador de fácil palabra que con un lenguaje sin florilegios o artilugios conmovió a los electores estadounidenses.
Dentro de sus prioridades hay fechas que marcaran su paso por la Casa Blanca media vez la ocupe a partir de las 12:00 horas del día 20 de enero, señalado para jurar el cargo al que se ha comprometido por los próximos cuatro años. En los próximos dos meses y medio tiene para sí la conformación de un equipo de trabajo, integrado por personas que le han acompañado en los últimos casi dos años.
La llegada de Obama tiene aristas que comprueban que en política todo es posible. El resultado de la elección es una prueba irrefutable de que el hombre nacido en Honolulú hace 47 años, puede representar el cambio generacional tan necesario en sociedades que como la norteamericana, ha sostenido un imperio ofensivo para toda la humanidad. La esperanza con la llegada de Obama tiene visos de promesa, una ilusión que debe mirarse desde perspectivas positivas. En la aceptación de su derrota, el candidato republicano ha dado una lección de optimismo: la lucha terminó, es el momento de que todos unan esfuerzos en torno a quien resultó ganador. Atrás quedó la lucha, la confrontación, ahora es el momento de sumar a favor de todos.
Aquí, sobre las nubes contaminadas del Distrito Federal se tejió con la bruma otra historia que deseamos sea aclarada sin importar la dimensión para tranquilidad de los mexicanos. El siniestro avionazo del secretario de gobernación, abre más de una interrogante porque la muerte de Juan Camilo Muriño, desgraciadamente se suma a la de personajes de alta investidura política que enfrentan al crimen organizado.
Martes de contrastes. Iluminación máxima y mínima. Allá la festejada esperanza de un cambio para entender mejor la convivencia universal. Aquí los momentos de pánico, la sorpresa, el dolor, la consternación y el término abrupto de muchas vidas.
