Mario Tassías
Dice don Mario que “Una mujer desnuda y en lo oscuro tiene una claridad que nos alumbra/ de modo que si ocurre un desconsuelo / un apagón o una noche sin luna /es conveniente y hasta imprescindible/ tener a mano una mujer desnuda”.
Otro autor que no quise saber quién es, dice que el “Cuerpo de mujer: (es) Un nido de emociones que no verás a través de su piel…”
Entre el poeta uruguayo y el otro, crean un desconcierto. Una mujer es un misterio diría el aprendiz de mago. Un secreto permanente. Una luz que ilumina. Una irradiación que te mantiene en la oscuridad, enceguecido, hasta que ella quiere. Una mujer es intimidad. Entrañablemente un ser de excepción.
El uruguayo asegunda “Una mujer desnuda y en lo oscuro / genera un esplendor que da confianza / entonces dominguea el almanaque / vibran en su rincón las telarañas / y los ojos felices y felinos / miran y de mirar nunca se cansan”.
El otro tercia en la conversación y dice que una mujer tiene: “Una geografía que admiras sin llegar a su esencia”. Porque desnudar una mujer, no alcanza para descubrir su mundo secreto. Es un océano donde navegar constituye una proeza. “Es muy probable que sus ojos te cuenten mucho más…” y el neófito está hecho bolas, porque de manera inmisericorde el otro agrega que “Ella sabe que para llegar a su alma, deberás mirar con más paciencia/ Aún desnuda, estará vestida de misterio”
Benedetti dice que: Una mujer desnuda y en lo oscuro/es una vocación para las manos / para los labios es casi un destino / y para el corazón un despilfarro / una mujer desnuda es un enigma / y siempre es una fiesta descifrarlo.
Después de este párrafo ya nos vamos entendiendo. Una vocación es una inspiración, uno las ve y de pronto el mundo se transmuta más amable, quien sabe que sea, pero duele menos vivir. El camino vale la pena. Con el tiempo no importa la espera. Las manos tienen sentido. Se llega a la cúspide.
El otro de plano recomienda ver más allá y convoca a otros, porque el fuego del interior de una mujer, solo se conoce mirando su corazón. A veces tan lejos que se pueden escuchar los latidos. Una mujer sin ropa frente a ti no te pertenece, al menos que ella lo decida. El pudor la mantiene vestida. “No existe seda que supere su piel. Ni tela que esconda su encanto” y el preguntón de siempre se cuestiona ¿Sabrán las mujeres todo el misterio que encierran? ¿Todo el fuego que encienden? Llamas que abrasan y oprimen emociones. ¿Estarán conscientes de que una mirada, pueden cambiar el rumbo de una vida? ¿Lo que un gesto puede significar? Si no lo saben, deberían estar al tanto. Eso no es pequeña cosa en el mundo donde ellas aparecen como copas sin llenar.
Don Mario concluye: “Una mujer desnuda y en lo oscuro / genera una luz propia y nos enciende / el cielo raso se convierte en cielo / y es una gloria no se inocente / una mujer querida o vislumbrada / desbarata por una vez la muerte.
“Desnudar una mujer o quitarle los pétalos a una flor, es llegar hasta la puerta de los sentidos. Caer de rodillas ante el altar sagrado de su fuente de vida”, la obra maestra llevada a la perfección. Quizás me equivoqué de fechas, pero estoy seguro que también hoy es un buen día para festejarlas.
