Punto de Vista

Mario Tassías

Quizás los sonidos que emiten, se escuchen encajonados. Me imagino que el susurro es apenas perceptible. La voz a de sonar a murmullo diluido por el peso de la tela. Además si intentan hablar, a su lado siempre hay alguien que les recuerda su condición. Si tienen prohibido hacer ruido al caminar, expresar lo que piensan ha de ser un delito grave.
Por supuesto que ellas, no celebrarán el día internacional de la mujer, es más no tienen nada que celebrar. La conmemoración que reivindica la lucha de las mujeres por la igualdad, la justicia, la paz y el desarrollo, no pasa por ese territorio.

La lucha de las féminas es rica en antecedentes. Es camino todavía muy largo. No hay que dar la vuelta a los millones de kilómetros de para entender que en el 2010, hay comunidades indígenas donde las mujeres son algo menos que objetos. Las mujeres siguen presionadas por los usos y costumbres. La misoginia es todavía una asignatura pendiente.

Guardadas las proporciones, en otro lado del mundo ocurre que las mujeres cargan una vida sin libertades. La fecha es propicia para valorar lo que se tiene, pero también para no estancarse en el vía hacia la igualdad de derechos y obligaciones con sus congéneres.

Mucho se ha dicho sobre los regímenes fundamentalistas. Las mujeres afganas todavía enfrentan violaciones, arrestos y asesinatos. El 60% de los matrimonios afganos son arreglados. Muchas mujeres conocen al marido el día de la boda. No tienen acceso a la educación y al trabajo. No pueden salir solas a la calle ni hacer ruido al caminar. No pueden ser tratadas por doctores masculinos. No pueden asomarse a sus ventanas. No pueden usar tacones altos. La burka es obligatoria, es un sudario portátil, que las cubre de la cabeza a los pies y que dificulta la respiración.
Reciben azotes en público e insultos si se les ven los tobillos. Se les prohíbe usar cosméticos, les amputan los dedos si se les sorprende con las uñas pintadas. Tienen prohibido reír en voz alta. Se les prohíbe hablar con cualquier hombre, que no sea su acompañante. No asisten a reuniones públicas. No deben practicar deportes. No pueden abordar un taxi sin la compañía de su mahram (familiar acompañante). Tienen prohibido subirse a una bicicleta. Lavar ropa en ríos o lugares públicos, usar baños públicos, ponerse pantalones acampanados, aun debajo de la burka. Prohibido usar colores vistosos en su vestimenta. Tomarse fotos. Escuchar música y ver televisión. Las mujeres sorprendidas en adulterio son lapidadas vivas. A las viudas, no les es permitido trabajar. Algunas se aventuran a salir a mendigar, pero con el riesgo de ser apaleadas y hasta asesinadas.

Revolutionary Association of the Women of Afghanistan (RAWA) es una organización socio/política de mujeres afganas luchando para la paz, la libertad, la democracia y los derechos de la mujer en un Afganistán dañada por el fundamentalismo. A quienes tratan de reivindicar son a las mujeres que no sonríen, el partidario de los derechos de las mujeres se pregunta ¿y con todo lo que tienen prohibido, todavía deben sonreír?

Según Paul Ekman, autor de Telling Lies: Clues to Deceite in the Marketplace, Politics and Marriage (Nueva York: W. W. Norton, 1985), existen dieciocho tipos de sonrisas, que involucran diversas permutaciones de quince músculos faciales. Van desde una sonrisa penosa pegada sobre una expresión desdichada, hasta una sonrisa cruel que muestra que la persona disfruta siendo violento y mezquino. Una sonrisa desdeñosa a la Charles Chaplin, apela a un músculo que la mayoría de las personas no puede mover deliberadamente, es una sonrisa que se sonríe de sonreír.

“Cuando le sonríes a la vida, la mitad de la sonrisa es para tu rostro y la otra mitad para el rostro de otra persona” dice un dicho tibetano. Para las mujeres que sonríen este 8 de marzo debe ser un día de celebración, para otras es un número en el calendario.

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