Mario Tassías
Cuando el presidente Echeverría dialogaba con los jóvenes estudiantes de la naciente universidad, el rostro del ejecutivo federal se transformó. Algún atrevido se quiso pasar de listo y desviar la conversación hacia temas que a LEA le producían escozor. Su mirada de halcón intimidaba. Su voz de magnífico orador y su intransigencia política causaba expectación en quienes debutaban como universitarios. Al lado, el gobernador del estado, estaba presente en el alumbramiento.
Transcurría el 17 de abril de 1975, nacía la Universidad Autónoma de Chiapas. Había pasado 8 meses de la iniciativa de ley enviada en septiembre por el gobernador Manuel Velasco Suárez y aprobada por la LII legislatura, mediante el decreto número 98 de 1974. Los nombres de los legisladores se inscribieron en una placa a la entrada del Auditorio de los Constituyentes. María Teresa de Jesús Araujo Aguilera, Jorge Ochoa Cruz, Mario Ramos Grajales, Mariano Cantoral Hernández, Javier Maza López, Mariano Penagos Tovar, Santiago Sánchez Pérez, Octavio Godoy Godoy, Jesús Penagos Rojas, Gerardo Pensamiento Maldonado y Roberto de los Santos Cruz. El parto se adelantó. Echeverría ya estaba ahí. Le comían las prisas.
Testigos del encuentro, rememoran que hace 35 años, el hombre imponía. Su presencia rodeaba el hálito que circundaba a los mandatarios mexicanos, casi al grado de parecer reyes en visita a sus vasallos. La parafernalia para recibirlo era de glorificación. Atrás se escribían otras historias, al frente la escenografía propicia para el trascendental anuncio. En 1975, Chiapas ya puede mirar al futuro, tiene una Universidad, dijo emocionado uno de los oradores.
La Universidad era una semilla recién sembrada en un campo que aún sin fertilizar, empezaba a germinar. Muchos de los jóvenes presentes, fueron llevados por la curiosidad. Otros se decían promotores de la creación de la que después empezaría a llamársele “la máxima casa de estudios de los chiapanecos”, hay los que aún hoy, reclaman un espacio en la historia, porque por lo menos de bulto, estuvieron ahí.
La mayoría eran jóvenes inquietos que recién descubrían el vigor de sus acciones. A su lado viejos maestros de la escuela de Derecho, otros no tan veteranos de Ingeniería y algunos experimentados de Contabilidad y Administración, incipientes universitarios, a excepción, de la centenaria escuela de leyes de San Cristóbal de Las Casas. Algunos propiciaban el diálogo para crear otros campus para integrar al modelo de universidad pensada por su creador y por quienes le acompañaban en la constitución de la primera Junta de Gobierno, considerada en ese momento, máxima autoridad de la naciente institución de enseñanza superior.
En algunos casos, los jóvenes discurrían sobre quién sería el primer rector. En un mundo de especulaciones se barajaban algunos notables. Los de la junta, por supuesto, que ya sabían a quien entregarían el primer nombramiento. Inducían a los medios de comunicación, algunos nombres de reputación, para hacer aparecer como un proceso democrático la designación de quien recibiría en sus manos la flamante administración.
Aquellos testigos de una página importante de la historia. Ocupaban impacientes las butacas del auditorio que serviría de escenario para la toma de protesta del primer rector. En desordenada sucesión de hechos, las horas empezaron a pasar Había que impulsar definitivamente a Chiapas para incorporarlo al desarrollo nacional, según sintetizaban en sus discursos los oradores designados para el acto frente a la primera autoridad del país.
Muchos de aquellos jóvenes ya se han adelantado en el camino. Otros siguen ahí, algunos más, han consolidado sus vidas, han formado familias. La piedra que pulieron hoy ofrece una veintena de carreras, tiene más de 18 mil alumnos en campus, prácticamente en los lugares más detonantes del estado. El recuerdo de aquel día, huele a nostalgia, se pierde en la nebulosa de los años pasados. Aquella acción tiende a consolidarse, aún le falta para ser lo que los discursantes decían el 17 de abril de 1975.
