Punto de Vista

Mario Tassías

¿Qué sería de las sociedades si no experimentaran cambios diariamente? Algunas permutaciones son casi imperceptibles. Muchos de esos canjes impactan y sus consecuencias son funestas. Haití es el ejemplo más próximo. Otros, causan dicha, sus resultados son felices. Quizás sean los menos, pero porque no prestamos atención a lo que tenemos, somos y hacemos. Una sociedad que no cambia, se estanca. Lo que se estanca, entendido como una cuestión biológica que se detiene y para su curso corriente, se pudre. Es una ley de la naturaleza sin contradicciones.

Evolucionar es un principio rector de la misma vida, nacer, crecer, reproducirse y morir. El diccionario dice que la evolución biológica es un proceso continuo de cambio en los seres vivos, mediante modificaciones progresivas, por el cual se ha producido, a los largo de las eras geológicas, la enorme variedad de formas y especies vegetales o animales, actuales y extintas. Evolución también es desarrollo gradual, que conlleva crecimiento o avance de las cosas o de los organismos. Evolución es cambio de conducta, de propósito o de actitud. Desarrollo o transformación de las ideas o de las teorías. Sabemos que muchas veces, una teoría es pálida y débil estructura ante la brillantez y fortaleza de la realidad.

Afortunadamente la sociedad, no es un montón de tabiques con los cuales se debe construir el más moderno edificio. La sociedad es ese ente dinámico que tiene movimiento, giros, ejercicios. Que en una palabra, vive. Que merece un mejor porvenir, aunque realmente es una eventualidad que se construye en el día a día.

Todos vivimos para estar mejor. Habrá quien haga lo contrario. Está en su derecho. Se trabaja en el presente, para un mejor mañana. Cuando niños, la conseja de la abuela decía: “Dime qué quieres cosechar, para que te diga que debes sembrar” La vida nos da las barajas, somos nosotros los que jugamos las cartas. ¡Actúa en vez de suplicar! Decía Beethoven (1770-1827), agregaba: “¡Sacrifícate sin esperanza de gloria ni recompensa! Si quieres conocer los milagros, hazlos tú antes. Sólo así podrá cumplirse tu peculiar destino”, algo hay de cierto en la idea del genio alemán.

Una buena pregunta sería: ¿Cambiar, sí, para qué? ¿Cómo cambio? Preguntaría otro. Un principio del sentido común dice que, si no sabes para dónde vas, ya llegaste. Equivale a, si con lo que tienes, lo que eres, lo que haces, te basta, ya no te muevas, ahí estás bien. Tú estás completo. Si existe alguna disconformidad con ser, hacer y tener, entonces tienes un reto delante de ti.

“La vida es aquello que te va sucediendo mientras te empeñas en hacer otros planes”, decía John Lennon (1940-1980) y es en esos sucesos, a veces imperceptibles, que de un día a otro las circunstancias cambian, muy a pesar de suponer que las circunstancias son hijas nuestras y no a la inversa. Un hombre (una mujer) no es otra cosa que lo que hace de sí mismo, subrayaba Jean Paul Sartre (1905-1980)

Para fortuna, nuestra vida tampoco es una película en blanco y negro. Las circunstancias se reproducen en magnífico tecnicolor. Es un error pensar que la vida es buena o mala, y dejar desperdigados por ahí los estadios intermedios. Entre bueno y malo, existen excelentes, muy buenos y también pésimos. Tal vez son los intermedios los que hacen las diferencias. Los imprescindibles que decía Bertold Brecht. Hay colores que no satisfacen nuestras inquietudes, pero son los que nos da la realidad, esa que podemos cambiar, lo que no se vale es que ni siquiera lo intentemos. La realidad es esto que enfrentamos todos los días.

Vivir, es algo más que respirar. No basta con subsistir. “Ahí la llevo”, es como rendirse antes de empezar el duelo. Coexistir debe ser un algo más que convivir, entenderse o avenirse. Sobrevivir, no debería ser nada más perdurar, permanecer o resistir. “Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nuestros vicios”, decía William Shakespeare (1564-1616)

¡Comparte la nota!