Punto de Vista

Mario Tassías

El momento era solemne. Las oraciones tocan fibras sensibles. Más allá de los estereotipos, ratifican la fe. Ellos, la firme convicción por sus tradiciones. Mucho más lejos de suponer otro momento. La gala es condición que impone en los hombres que representan la sabiduría. La experiencia. La comunidad, los valores, los símbolos, la costumbre, los usos, el respeto. Ellos ahí, igual que el miércoles cuando con un ceremonial aromatizado por copal, cohetes, luces de bengala, música de viento, repique de campanas y licor, desguindaron los ornamentos religiosos de la iglesia del pueblo, para hermosearlos con el agua.

Eran las 3:45 de la tarde. El ambiente soleado. Caluroso sin llegar al extremo. Ahora se había dispuesto un espacio. La escenografía que rompe lo tradicional, que en conjunto hace un foco de atención. Funcionarios del gobierno esperaban el momento anunciado en el panel del templete que daba la cara al público, reunido para un anuncio oficial. Mujeres, niños y hombres a cual más sorprendidos ahí, para ser testigos.

Había representantes de Chiquinch’en los Tulipanes, San Antonio Buenavista, Santiago el Relicario y Xchuch, también de Nachón, Choyhó, Pusilhó, Boquem, Pechultón y Ninamó, y de la cabecera municipal. Hombres, mujeres, niños y ancianos pendientes del momento. Otros venidos de comunidades no tan lejanas como San Andrés Larrainzar, Aldama o Chalchihuitán. Emocionados unos aplaudían, otros curioseaban sobre un terreno que apenas ayer era un espacio cerril. Los más ruidosos eran de ese grupo distinguido de Chamula.

Minutos antes, uno de los muchos funcionarios públicos, discutía con un fortachón, porque había invadido la fila de recepción para recibir al funcionario mayor. Pequeño incidente si se toma en cuenta que el acto lo merecía. El coraje del fornido representante de la comunidad indígena desapareció, cuando el funcionario de mayor rango le identificó incluso con su nombre. “Domingo” – le dijo – y le saludó de mano además, le dio un abrazo. Momento que Domingo aprovechó para invitarlo al carnaval Chamula. La respuesta le volvió la sonrisa a la cara.

Los mayores iniciaron el rito. Con temor de Dios, en sentido bíblico, entendido como una actitud de profundo respeto, que incluye la adoración, el amor, el servicio del Señor y la obediencia de sus mandamientos, como luego explicaría el traductor personal. Por un momento, un ambiente de sumisión permeó en el escenario. Ellos empezaron a orar. Sus oraciones van cargadas de sonidos guturales. De ritmos que proyectan sentimientos encontrados. Un nudo se lió en la garganta. La piel se puso celulítica y levantó sus bellos. Ceremonia mínima en tiempo, con una pesada carga de siglos. De simbolismos.

Santiago el Pinar antigua colonia con el nombre de Santiago Apóstol, era parcialidad de la vieja San Andrés Istalostoc, llamada a partir de 1994 Sacamch’en de los Pobres, perteneciente al curato de San Juan Chamula en el siglo XV, nació como municipio mediante el Decreto número 205, del miércoles, 28 de julio de 1999. La cabecera municipal se localiza a 113 kilómetros de Tuxtla Gutiérrez, a solo 34 kilómetros de San Cristóbal de Las Casas.

Las voces se apagaron, llegó el momento culminante. Había transcurrido muy poco tiempo, más o menos, no importa cuánto. El rostro del nuevo ungido transpiraba emoción contenida. A su lado, su esposa veía con respeto y con asombro el momento lleno de detalles. El traductor se acercó y algo susurró al oído, el asintió con la cabeza y recibió el bastón de mando y la gran responsabilidad de ser “mayor” de un pueblo de indígenas. Diría después públicamente, que había sido investido con un cargo que asumía con humildad. Solo la música de banda interrumpió el instante. Ocurrió el viernes, 29 de enero de 2010.

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