Punto de Vista

Mario Tassías

“Cuatro caminos hay en mi vida, cuál de los cuatro será el mejor…” La canción de José Alfredo Jiménez, tiene más de una metáfora. Es una de esas historias que guardan momentos, sin pretensiones rebuscadas. En el contexto de la realidad, se dice que el primer camino es el de la vida y la muerte. El segundo camino tiene que ver con los sentidos comunes, la vista, el tacto, el olfato… el tercer camino tiene que ver con nuestros pensamientos. El cuarto es aquel que emprendemos para enriquecer el espíritu.
Ya alguna corriente de la psicología ha coincidido en que el ser humano tiene ocho maneras distintas de expresar su inteligencia: Instrapersonal (comunicarse con uno mismo); Interpersonal (comunicarse con otras personas; Lingüística (comunicarse mediante las palabras); Espacial (comunicarse por medio de formas y de orientarse espacialmente); Musical (comunicarse mediante sonidos con ritmo); Corporal (comunicarse por medio de gestos y expresiones corporales); Matemática (comunicarse por medio de números y del razonamiento lógico) y Emocional (comunicarse por medio de las emociones).

Así que hablar del Cuarto Camino, como vía de salvación del hombre, es una expresión que motiva alguna de las ocho maneras de entender la inteligencia. Por supuesto que tiene que ver con los signos que dan cotidianidad a nuestra vida.

Sin entrar en la profundidad del ser humano, se dice que cada cual tiene en sus genes las características de por lo menos tres caminos que se entrecruzan en el devenir de nuestra existencia. El que describe a una persona rígida, estática, y de mente débil, al que le falta inteligencia. El devocional, que concuerda con una persona religiosa, con gran voluntad emocional y al que se califica sin mayor remordimiento como algo estúpido, y el intelectual, aquel que interpreta libros y modifica su conciencia pero se pierde en sus logros y nunca llega a nada. El cuarto camino tiene que ver con el iluminado que es armonía con el cosmos hasta ser dueño y amo de sí mismo.

No es cuestión de enfrentarse con la ignorancia o pelear con la inteligencia. El complejo mundo humano no es tan simple. Encasillarnos en una religión, tiene sus contrastes, por supuesto, respetables, pero ubicarnos en una ideología representa un obstáculo para la libertad, esa facultad que tiene el ser humano para hacer o no obrar según su inteligencia y antojo. La inteligencia es la capacidad distinguir. Entendida como la posibilidad para diferenciar que hay unas cosas a otras. Cuanto más distinguimos aspectos concretos y abstractos del entorno en que vivimos, más inteligentes somos, no es argumento de la suerte, la suerte, solo existe cuando coinciden la preparación y la oportunidad.

Hay antecedentes que nos muestran que las carencias emocionales o la falta de sentido en la vida, nos pueden llevar por los diversos caminos. Recorrerlos y no recobrar la confianza. Habitar existencias carentes de armonía, de plenitud, de lucidez. En esa etapa es casi imposible que la fe alcance a llenar el vacío. Es ecléctico suponer que alguien posee la verdad absoluta. Las cosas y los seres, no son según el color del cristal con el que se les mira, sino según nuestra capacidad de entendimiento.

Las historias continúan cuando personas con problemas de orden personal, se encuentran en algún momento de sus vidas, en el cruce de caminos. Ahí, la desorientación es mucho más compleja como para solicitar, según la metáfora de la canción “… tú que me viste llorar de angustia, dime paloma, por cuál me voy”

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