Punto de Vista

Mario Tassías

Cuando Inés (Agnes) decidió por la compasión, nació un personaje. Con 18 años de edad, la joven tomó un rumbo que le acerca a la virtud. Antes tuvo que recorrer caminos escabrosos. Las vías contrarias a las estradas comunes suelen ser escarpadas. Son vialidades complicadas para el tránsito. Decidir por la compasión es enfrentar sentimientos de conmiseración, de pena o lástima. Significa sufrir calamidades o desgracias, según advierte el Diccionario.
Son los menesterosos. Los pobres desgraciados los que merecen compasión. La historia de la humanidad está surtida de ejemplos.

Emparentada con la piedad, la compasión tiene que ver con la misericordia y la caridad, vocablos que surgen de sentimientos enlazados con el amor. La compasión parte de una acción primaria, esa obsequiosa muestra que solicita atención, del mismo modo que se otorga. Trata a los demás como quieras que te traten, dice la conseja popular.

El Dalai Lama dice que la bondad innata del corazón humano, enseña las responsabilidades y consecuencias que tienen acciones y pensamientos que desembocan en la compasión. No hay compasión cuando el bien que se hace, se publica a los cuatro vientos. Tener compasión y sentir lástima no es lo mismo.

Convertido en “Un llamado para unir al mundo…” la “Carta por la compasión”, circula en la red de redes, desde el 12 de noviembre de 2008, “… proclama un principio adoptado por todas las religiones y todos los códigos morales…” Está construida por asociados y organizaciones de por lo menos 180 países. No necesita explicación. http://charterforcompassion.org/docs/cfc_dl_spanish.pdf

“El principio de compasión permanece en el corazón de todas las tradiciones religiosas, éticas y espirituales, y siempre nos pide tratar a los otros como nos gustaría ser tratados. La compasión nos impulsa a trabajar sin cansancio para aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes; nos motiva a dejar de lado el egoísmo y aprender a compartir y nos pide honrar la inviolable santidad de cada ser humano, tratando a todos, sin excepción, con absoluta justicia, equidad y respeto.

Es además necesario en la vida pública y en la privada abstenerse de causar dolor de manera sistemática y categórica, actuar o hablar de manera violenta, obrar con mala intención, manejarse priorizando el interés personal, explotar o denegar los derechos básicos e incitar al odio denigrando a los otros – aunque sean enemigos – actuar de manera contraria, implica negar nuestra humanidad. Reconocemos haber fallado en vivir con compasión y sabemos que alguien ha incluso incrementado la miseria humana en nombre de la religión.

Por eso pedimos a hombres y mujeres – restaurar la compasión al centro de la moralidad y de la religión – volver al antiguo principio que afirma que cualquier interpretación de la escritura que incite a la violencia, el odio o al desprecio, es ilegítima – garantizar a los jóvenes una información positiva y respetuosa sobre otras tradiciones, religiones y culturas – estimular a una positiva apreciación de la diversidad cultural y religiosa – cultivar una empatía consecuente con el sufrimiento de los seres humanos, hasta con aquellos que consideramos enemigos.

En nuestro mundo polarizado hay una necesidad urgente de transformar la compasión en una fuerza clara, luminosa y dinámica. La compasión puede romper las fronteras políticas, dogmáticas, ideológicas y religiosas. Nacida de la interdependencia, la compasión es esencial para las relaciones humanas y para la realización de la humanidad. Es el camino hacia la claridad, indispensable para la creación de una economía justa y de una comunidad global y pacífica”

Una responsabilidad actual es construir una comunidad en la que los hombres y mujeres de todas las razas, naciones e ideologías puedan vivir juntos en paz. Basta de lamentaciones. La quejumbre es una necesidad pero también un motor que reparar. Si creemos en Dios, también hay que creer en la hermandad de la humanidad. Otros tendrán otras creencias.

Inés, Agnes Gonxha Bojaxhiu, después conocida como Teresa de Calcuta, ejemplo de compasión decía que: “La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis sino mas bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos. El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad”

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