Punto de Vista

Mario Tassías

Al ver las fotografías, el primer impulso fue trocado a la palabra decrepitud. Esa que tiene sinónimos como ancianidad, vejez, vetustez, senilidad, chochez, decadencia, declive, hundimiento, caducidad. Todo en una sola emisión. Decrepitud, aquella que según el Diccionario de la Real Academia significa suma vejez y extrema declinación de las facultades físicas, y a veces mentales, por los estragos que causa la vejez.
Me parecieron muchos calificativos para un solo personaje. Aquel héroe habrá conmemorado, desde su casa, el pasado viernes 1 de enero de 2010, los 51 años del triunfo de la revolución, una hazaña que hoy otea desde una silla de ruedas.

Fidel Castro (Birán, 13 de agosto de 1926), convalece de una operación digestiva en 2006. Ya no tiene el vigor descrito en “La historia me absolverá”. Sus detractores ratifican que ha entrado en la avenida sin retorno. Sus seguidores afirman que continúa lúcido a pesar de sus circunstancias. El tiempo es el mejor autor: siempre encuentra un final perfecto, decía Chaplin.

Las fotos fueron tomadas en su casa de La Habana, el 25 de abril de 2009, con motivo de la visita del presidente de Nicaragua Daniel Ortega. Fueron difundidas en diversos medios impresos y de la red de redes. No pasaron desapercibidas. No podían ser inadvertidas. Son imágenes del hombre que ha defendido sus ideales hasta el último instante. Un momento que cada vez parece más cercano.

Ahora tiene una voz ininteligible, ha perdido el sonido que emocionaba a millones de cubanos, como cuando en la Plaza de la Revolución, después de un retorno de reconocimientos por países latinoamericanos, el 8 de mayo de 1959, decía que: “Solo triunfan las ideas que son capaces de resolver los grandes problemas del hombre”

Al mismo tiempo de las fotografías, Juan Balboa, el entrañable amigo ahora corresponsal de Proceso en la isla, dice que la celebración por “… el 51 aniversario de la revolución, (fue) en medio de una severa crisis económica”. “Otra Otra vez la economía cubana se ahoga: cerró 2009 con un exiguo crecimiento de 1.4% –el más bajo en siete años–, sus exportaciones decrecieron 29% y sus importaciones 37%, y desde hace un año enfrenta una crisis de liquidez que le impidió cumplir sus compromisos de pagos con cerca de 200 empresas extranjeras radicadas en la isla o que comercian con ella.

Los cubanos se quedaron helados el pasado 20 de diciembre, cuando el presidente del Consejo de Estado, Raúl Castro, advirtió que 2010 será aún más difícil para la economía de la isla” afirma el periodista, en un despacho de tres cuartillas, titulado “Cuba: números rojos, alerta amarilla” fechado el 4 de enero de 2010 y publicado en http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/75207

“Cuba termina el 2009 con un estimado de 11 millones 239 mil personas, lo cual representa una tasa de crecimiento de + 0.3 por mil habitantes. De esa cantidad, 5 millones 610 mil son mujeres y 5 millones 629 mil hombres”, lo registra Orfilio Peláez en Granma, Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. http://www.granma.cubaweb.cu/2010/01/05/nacional/artic01.html

Un “… medio siglo después”, ha reflexionado Castro, “Vivimos una época nueva que no tiene parecido con ninguna otra de la historia. Antes los pueblos luchaban y luchan todavía con honor por un mundo mejor y más justo, pero hoy tienen que luchar, además, y sin alternativa posible, por la propia supervivencia de la especie”

“Cuba es, sin duda, uno de los países políticamente más instruido del planeta; había partido del más bochornoso analfabetismo, y lo que es peor: nuestros amos yankis y la burguesía asociada a los dueños extranjeros eran los propietarios de las tierras, los centrales azucareros, las plantas de productos de bienes de consumo, los almacenes, los comercios, la electricidad, los teléfonos, los bancos, las minas, los seguros, los muelles, los bares, los hoteles, las oficinas, las casas de vivienda, los cines, las imprentas, las revistas, los periódicos, la radio, la naciente televisión y todo cuanto tuviera un valor importante… ni siquiera la tarea de pensar políticamente, nos pertenecía”

Acaso para los cubanos, y para el resto del mundo, nos ha llegado la noche. O la oscuridad de hoy, ¿Es la oscurana de todos los días? ¿O el preludio del amanecer? El cineasta sueco Ingmar Bergman (1918-?), dice que “Envejecer es como escalar una gran montaña: mientras se sube, las fuerzas disminuyen, pero la mirada es más libre, la vista más amplia y serena”. Decrepitud es una palabra que no cabe en el lenguaje de los visionarios. Ellos un día se van. Se fueron. Su pensamiento es palabra actualizada.

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