Punto de Vista

Mario Tassías

A juzgar por el sonido de su voz, se diría que es una persona con mayoría de edad. Su rostro no es de adulta. Cuando asoma detrás del mostrador, uno concluye que la esencia no viene en garrafón. El pequeño cuerpo, casi de niña hace suponer que le faltan años para madurar como mujer. Al menos es la primera impresión. Coqueta, sonríe con malicia y dice que con la jalea real, no se necesita de viagra.

A la salida de Ocosingo, puerta de entrada a la selva lacandona, rumbo a la zona de Palenque, Bachajón, Chilón, Petalcingo, Tila, Sabanilla o Tumbalá entre otros famosos lugares. Bastante promovidos en la guerra ciberespacial. Hay una tienda de “La Cañada” donde los mieleros expenden sus productos. Y ella está ahí para animar la compra.

Segura, indica que la miel es un producto que ya la usaban nuestros antepasados. La utilizaban para embellecerse. Para tener mejor salud. La consumían en la cocina. La jalea real es un facilitador de la actividad reproductora y sexual, de cuyas propiedades parece estar convencida.

Así de pasada, en el parador se muestra un cartel espectacular donde se promueve “Toniná”, “San Antonio – dice ella – se llamaba el rancho donde encontraron restos de la zona arqueológica”. A no muchos pasos del lugar. Su facilidad para conversar es reluciente.

En su afán de inducir la compra. La chiquitía, diría el inge Romeo, uno de mis compañeros de viaje, enumera las virtudes de la miel.

Sirve para quitar el hambre y el cansancio; protege contra ciertas enfermedades; cada cucharada contiene solo 60 calorías; 17 gr. de carbohidratos; 16 gr. de azúcar; y no tiene grasa; sodio; ni proteínas. Contiene vitamina b6; tiamina; niacina; riboflavina y ácido pantoténico.

“Quien sabe pero da mucha energía y tiene efectos tranquilizantes” – repite según su manual – “pero lo que no tiene igual es la jalea”. “La lechita de las abejas, es una chingonería”. Añade pícara.

Docto, el inge nos explica a Fernando y a mí que la jalea real es una secreción producida por las glándulas hipofaríngeas y mandibulares de las abejas obreras de 3 y 14 días de edad, cuando se alimentan de polen, agua, miel y la temperatura de la colmena es conveniente. Sirve como alimento de las abejas reinas durante toda su vida. Es una sustancia fluida, de color blanquecino y sabor ácido. Se utiliza en la preparación de productos de uso terapéutico, de reconstituyentes, mascarillas, cremas, etc. pero “si uno lo ingiere el rendimiento es de mucha consistencia”.

Convencida de haber amarrado una venta. Se retira momentáneamente para ocuparse de otros viajeros. Ahora se ocupa con expertos, que lo primero que piden es jalea real y regatean sobre el precio de otros productos, café, queso de bola y alg más de la región.

El folletito promocional dice que “… la jalea mejora el humor y el optimismo; es recomendable para ancianos y niños; aumenta el metabolismo basal; rebaja las tasas de azúcar en la sangre, lo mismo que las cifras altas de colesterol; providencialmente es favorable en la angina de pecho, la arteriosclerosis, la anemia y la astenia; controla las alergias; potencia las defensas naturales y la producción hormonal. Es un moderado estimulante sexual”.

Camino de regreso, Fernando, Romeo y yo discutíamos si la “chiquitía” nos vio veteranos o simplemente en su afán de vender, nos dijo:

– “Nada más pruébela… su mujer se lo va agradecer”.

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