Mario Tassías
Los contrastes son polos que en tanto se fortalecen se oponen, con más fuerza. Es condición dinámica. En materia de desarrollo tecnológico, las líneas del conocimiento hacen más profunda y amplia la brecha entre los que avanzan hacia la singularidad tecnológica y quienes no conocen el alfabeto. Para unos el futuro es hoy. Hoy aplican tecnología que hace cinco años, por ejemplo, apenas figuraba en los intersticios de mentes privilegiadas con la invención. Investigadores que se han atrevido a romper reglas establecidas y leyes de la ciencia y decidieron transformar sus espacios en el mundo.
Singularidad es un término que tiene que ver con la particularidad y desde esa perspectiva con nosotros, es decir todos y todas, aún cuando el significado nos parezca ajeno. Se denomina singularidad al momento en el que las computadoras serán capaces de mejorar su propio código de programación sin necesidad de humano alguno.
Esta semana, la revista electrónica Piensa Índigo Brainmedia divulga en su portal http://experiencia.indigobrainmedia.com/web/piensa/edicion156/#1/1 un tema central que refiere un artículo, además una entrevista con Michael Vassar, presidente del Instituto de la Singularidad para la Inteligencia Artificial.
El artículo cuenta que “…los humanos ya no seremos la especie más inteligente en el planeta”. Que “La singularidad marcará una evolución tecnológica en la que nuestra propia inteligencia y habilidades serán innecesarias”. Y que “Las computadoras serán tan avanzadas, que podrán crear otras más avanzadas que ellas mismas y así ad infinitum. Nosotros no tendremos que mover ni un solo dedo”.
El graduado en bioquímica por la Universidad de Penn State, dice entre otras cosas que: “Sin mejorar nuestras habilidades mentales, no podemos hace nada una vez que la singularidad llegue…”
El científico que forma parte del Instituto Nacional de Tecnología de Estados Unidos y se ha especializado en nanotecnología, señala que “Los sistemas inteligentes (…) podrán hacer cualquier cosa que quieran dentro de los flojos confines de las leyes físicas, pero ellos sólo pueden querer las cosas que quieren querer…”
A las nuevas computadoras les faltará nada más, pero nada menos que el afecto y los sentimientos, de ahí en fuera, serán capaces de hacer prácticamente cualquier cosa que quiera su programador.
La inteligencia emocional tiene que ver con la formación académica, pero también con la realidad. Y con la ética profesional. Dice el entrevistado que “El Instituto de la Singularidad para la Inteligencia Artificial (…) está tratado de inventar una manera de programar el hecho de que piensen en nosotros y les importemos”.
¿Qué tan cerca o lejos de la ficción, no encontramos? Ray Kurzweil reconocido como el padre de la Singularidad en su libro “The Singulary is Near” (2005) describe por qué la singularidad será una realidad.
Kurzweil recibió “…la Medalla Nacional de Tecnología de manos del presidente Bill Clinton y (el honor de) ser elegido para formar parte del Salón de la fama de los inventores. Su sitio www.kurzweilai.net tiene más de un millón de lectores.
Este genio moderno pronostica: “Para el 2029, y he sido bastante consistente con esta fecha, habremos completado la reconstrucción del cerebro humano. Las computadoras en ese tiempo serán más poderosas que nuestro cerebro. Seremos capaces de crear máquinas que realmente tengan la sensatez del cerebro y combinaremos ese poder con las cosas en las cuales las máquinas ya son superiores a nosotros”
¿Estaremos preparados para ese impacto? Posiblemente nuestros hijos y nuestros nietos afrontarán ese reto. Concluyó enmarcando la frase de autor anónimo que cierra la entrega de esta semana de Piensa Índigo “No hay mayor señal de ignorancia que creer imposible lo inexplicable”
