Mario Tassías
Bajo el título “Gabriel García Márquez, una vida”, Gerald Martin (Londres, 1944), Profesor emérito de la Universidad de Pittsburgh, nos cuenta una “biografía monumental” del autor de “Cien años de soledad”. Es la parte pública, privada y tal vez secreta de un escritor universal. Gracias al portal www.nexos.com.mx tuve acceso al pasaje titulado: “Hambre en París: La Bohème”, que relata los días de escritura de “El coronel no tiene quien le escriba” en medio de dos compañías abrumadoras: la escasez y el amor.
Ese fragmento del libro, muestra a Gabo padeciendo hambre en una ciudad a la que llega inopinadamente. El texto es una inmejorable oportunidad para palpar los pliegues de una vida llena de realismo mágico. García Márquez (Colombia, 1927) es el personaje de la vida de muchos de los protagonistas de sus novelas.
Martin acumuló 17 años de trabajo y cerca de 300 entrevistas para sacar a la luz un primer borrador de 3,000 páginas. Después de mucho sufrimiento para pasarle tijera, el autor británico publicó el libro en inglés el año pasado. Su traducción al español, editada por Debate (Random House Mondadori), ya está en los estantes del mercado en América Latina con más de 700 páginas.
“Es una figura que no podría ser más importante para la literatura”, dice Martin. “Es el hombre más normal que conozco y también el más extraordinario”.
El libro recorre la infancia en Aracataca. Su juventud; el impacto de la revolución cubana; el descubrimiento de Europa y su consagración como escritor con “Cien años de soledad”; “El otoño del patriarca” y “El Coronel no tiene quien le escriba”.
Martin, especialista en narrativa latinoamericana del siglo XX, ha dicho en entrevistas que cuando propuso a García Márquez escribir su biografía el Premio Nobel le contestó: ¿Una biografía mía? ¿Está enfermo?
“Quién sabe lo que Gabriel García Márquez buscaba al tomar rumbo hacia la capital francesa en diciembre de 1955. Cualquiera que lo conociese habría imaginado que el colombiano costeño se sentiría más a gusto en Italia —tanto social como culturalmente— que en el país situado al norte, un lugar más frío y pagado de sí mismo, más crítico y cartesiano…”
“Del mismo modo que la nostalgia provocada por el viaje con su madre fue el instrumento que daría origen a La hojarasca, una emoción no muy distinta, la desazón por la imposibilidad de vivir en el presente, fue la palanca que separó lo que se convertiría en El coronel no tiene quien le escriba de lo que con el tiempo sería La mala hora, la novela interminablemente atrasada y pospuesta. Y, una vez más, una mujer fue la inspiración: de un modo terrible e inquietante, la novela sobre el coronel sería una proyección del drama que el propio García Márquez empezaba a vivir, allí mismo y justo entonces, con Tachia. Se vieron envueltos en una aventura llena de sorpresas, excitante y apasionada, y del todo inesperada; sin embargo, la falta de dinero enseguida los acució. De buen principio la relación estuvo condicionada por la pobreza y luego, pronto, amenazada por la tragedia. Así que la primera novela, aún en proceso, quedó atada con una vieja corbata de rayas —no sería la última vez— y acabó guardada en el fondo del armario ropero desvencijado del Hôtel de Flandre; y en algún momento de mayo o principios de junio de 1956 dio paso a la historia intensa, obsesiva y desesperada de un coronel hambriento y su desafortunada y sufrida esposa”.
“Años después, El coronel no tiene quien le escriba fue reconocida universalmente como una obra maestra de la ficción corta, como El viejo y el mar de Hemingway, punto menos que perfecta en su intensidad contenida, su trama dosificada con esmero y su brillante broche final. El autor mismo diría que el estilo de El coronel no tiene quien le escriba era “conciso, seco, directo y aprendido directamente del periodismo”.
“No me ha sido fácil sortear las múltiples versiones que García Márquez ha ido sembrando a propósito de todos los momentos determinantes de su vida…” ha dicho Martin.
