Mario Tassías
Cuando se penetra en Ensayo sobre la ceguera (1996) o Ensayo sobre la lucidez (2004), uno advierte a un ser polémico. Memorial del convento (1982), es otra gran puerta. No es menos El año de la muerte de Ricardo Reis (1983). A partir de ahí, con El hombre duplicado (2003) o con El Evangelio según Jesucristo (1991), Saramago, es irreverente. Nada que no pueda superarse.
Leer la obra de Saramago, al menos causa inquietud. Despierta – como el mismo dice – anticuerpos. Pisa muchos callos y por lo menos de dolor uno debe gritar. Ni modo que el malestar se guarde para después. Para muchos es un autor incómodo.
En estos días ha vuelto a alimentarnos. Su valor literario va más allá de los raspones. Es incitante, provoca. El placer de sus textos vale la pena.
Por supuesto que el Premio Nobel de Literatura 1998, toca los entretelones de algunos papistas. Por eso es que Caín (2009), su más reciente novela, ha conseguido amplia difusión en diversos medios del mundo.
Con motivo de la presentación de su nuevo libro, Saramago ha dicho entre otras cosas, que: “…el Dios de la Biblia no es de fiar, es mala persona y vengativo”.
Cómo no va doler tremendo pisotón. Sobre todo a quienes ven ofendida su fe. Endeble, si la reacción es furibunda ante el desplante.
Parafraseando a Antonio Machado que escribió aquello de “Caminante no hay camino / Se hace camino al andar”, Saramago no deja de escribir porque “andar es hacer camino, hacer camino es andar. Cada día llegaremos, cada día partiremos” http://www.josesaramago.org/site/mainesp.php
“…letra a letra, palabra a palabra, página a página, libro a libro he venido sucesivamente implantando en el hombre que fui los personajes que creé. Considero que sin ellos no sería la persona que hoy soy, sin ellos tal vez mi vida no hubiese logrado ser más que un esbozo impreciso, una promesa como tantas otras que de promesa consiguieron pasar, la existencia de alguien que tal vez pudiese haber sido y no llegó a ser” http://www.alfaguara.santillana.es/saramago/
Saramago ateo y comunista confeso, abunda en el tema. La prensa coincide. El agravio va más allá: “en la Biblia hay incesto, carnicerías (…) es innegable. No existiría esta novela si el episodio de Caín y Abel no estuviese en la Biblia, donde se muestra la crueldad de Dios. No hay que tener confianza en el Dios de la Biblia”, afirma.
La nueva novela de Saramago, de unas 180 páginas, aborda la figura bíblica de Caín y otros personajes y episodios del Antiguo Testamento y nada más salir a la venta ha levantado, según el escritor luso, “incomprensiones, resistencias y viejos odios”.
En la obra, Saramago crea una trama con diversos personajes de las Sagradas Escrituras, y es Caín, primogénito de Adán y Eva, quien se convierte en el protagonista de la historia, que desgrana varios episodios bíblicos como la creación del Arca de Noé o la destrucción de Sodoma.
“Dios y el demonio no están en el cielo ni en el infierno, están en nuestra cabeza. Primero creamos a Dios y luego nos esclavizamos a él”, argumenta.
“Saramago – dijo la academia sueca en su momento – con paradojas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía, vuelve constantemente comprensible una realidad huidiza”
De lo que se trata es de “contar los días con los dedos y encontrar la mano llena”, más allá de lo que cada quien encuentre en la Biblia.
