Mario Tassías
La insatisfacción está asociada con los resultados. Es contraria al placer, a la alegría, al gusto. Estos factores están alejados del común de la gente, la mayoría de quienes, a pesar de todo y por origen, nos sentimos orgullosos de haber nacido aquí.
Transformar a México, requiere esfuerzo conjunto, incluso de quienes militan en otros equipos y metafóricamente patean el balón en sentido contrario. Si el país se está desintegrando en pedazos, no se vale solamente recoger los escombros. De lo que se trata es de embonar en el rompecabezas. Se trata de enfrentar retos. Es más cómodo ver llover y no mojarse que emprender el camino bajo la lluvia.
Los líderes no buscan seguidores, buscan líderes que ayuden a construir. Y no estoy sugiriendo que sigamos a quien no queramos seguir. De lo que se trata es de edificar algo más que una estructura, que garantice la construcción de algo más que un inmueble.
Destruir, es la cosa más fácil. Tan simple como arrojar una piedra. Echarles la culpa a los demás también es cuestión sencilla. Ser espectador tiene pocas complicaciones, aunque la función sea una guerra.
Aunque los 10 puntos propuestos por el presidente de México, nos parezcan utópicos, hay que valorarlos en su exacta dimensión. “Destinar toda la fuerza y recursos del Estado para frenar el crecimiento de la pobreza…” altera producto.
Dice el presidente que la educación pudiera ser “…la puerta grande” de salida. ¿Con el tipo de educación que se imparte, con un sindicato integrado por analfabetas funcionales?
Alcanzar la cobertura universal de salud, está tan cerca y tan lejos, que suena a discurso vacío cuando la realidad asusta.
Racionalizar el gasto y reducir la evasión fiscal podrían ser los primeros pasos para una reforma a las finanzas, pero se necesita ir más a fondo, donde habitan los que realmente engullen el gasto. Aquellos que cobran sin trabajar. Aquellos que ganan salarios de estratósfera.
Transformar de raíz el sector energético empieza por la reducción de privilegios al poderosísimo sindicato y a los grandes recursos que se destinan a un sector que solamente en México, tiene déficit.
El mundo dejó en las décadas pasadas la era de las tecnologías, para asumir el de las inteligencias. Esa es la competencia y en un sector que se rezaga. Rezago no solo significa retraso, sino llegar tarde y mal. Aquí no vale el paso que dure o trote que canse. La nave ya partió.
“Una reforma laboral que fortalezca los derechos de los trabajadores” y evite los privilegios para sus dirigentes en connivencia con funcionarios corruptos y desleales, podría ser el principio.
La lucha contra el crimen organizado se ha perdido desde el momento en que mueren ciudadanos que se encontraron con el fuego cruzado. Enfocar el fortalecimiento de acciones contra delitos como el robo, la extorsión y el secuestro, tendría que verse desde áreas especializadas que han estudiado el delito no como norma, sino como principio de una descomposición social.
Tal vez el décimo punto sea el de mayor controversia en un escenario donde los niveles de entendimiento debieran ser su mayor fortaleza y no su más grande debilidad.
Definitivamente el sistema político mexicano está rebasado. No basta el cambio de estafeta. Tampoco la parafernalia discursiva. Los vicios permanecen. Las prácticas siguen vivas.
El mensaje presidencial, no corresponden a un estadista. Pero es un llamado a quien quiera acompañar la mitad del tramo que falta de este sexenio. Si como sociedad existe otra propuesta o proyecto habría que ponerla en práctica. No se vale presumir a apolítico, cuando un país se resquebraja.
Romper los hábitos que nos encadenan, cuesta mucha energía. Esa que empleamos para ver mal todo lo que no llegamos a entender o que se aparta de nuestro círculo de influencia.
Es cierto que se necesita una voluntad interna muy fuerte para que se rompa la inercia. “Exceptis excipiendis” como decían los latinos “Exceptuando lo que corresponda”. Por México, vale la pena.
