Punto de vista

Mario Tassías

La primera edición de “A ustedes les consta. Antología de la Crónica en México” se editó en el ya no tan cercano 1980. Han transcurrido como dos vidas, según se vea. Son 29 años de un libro que tiene existencia propia.
Carlos Monsiváis, el compilador, el de “Amor perdido”, Días de guardar”, “Entrada libre. Crónicas de la sociedad que se organiza” y “Los rituales del caos”, entre otros muchos escritos en revista y periódicos, dice en “A ustedes les consta…”, “… una tradición de primer orden se consolida en el espacio delimitado por las virtudes de la prosa y los intereses múltiples de los lectores”.

La 2ª edición (corregida y ampliada) de 2006, por editorial Era. Es rica en actualizaciones. “El EZLN: El tiempo de los indígenas”; “La transición a la democracia: “Allá tras lomita”; “Se lo expliqué como pude: Mira, no es por molestarte, pero los movimientos suelen aparecer antes que los cronistas”, son apenas unas líneas de muestra de la inmensa riqueza de dos siglos de crónica en México.

José López Portillo: “No pago para que me peguen”; Miguel de la Madrid: el sexenio que se sueña con vaivén de hamaca; Carlos Salinas de Gortari: “El 1º de enero del año 2000 México llegará al Primer Mundo” (carta a una revista juvenil); Ernesto Zedillo: un presidente no tiene nada que agradecerle a nadie; Vicente Fox: ignorancia a carta cabal, encubrimiento selectivo de la corrupción.

“A ustedes les consta…” es una invitación a la lectura. Texto rico en anécdotas, historias contadas con la precisión de un observador de detalles, de los que alcanzan la excelencia.

Desfilan por sus páginas desde Manuel Payno el autor de la mejor novela mexicana del siglo XIX “Los bandidos de Río Frio”, Guillermo Prieto de quien aprendimos de niños que “los valientes no asesinan”, a Juan Villoro, Magali Tercero, Héctor de Mauleón y Fabrizio Mejía Madrid, hasta una presentación de la crónica policiaca con el maestro Ramón Márquez.

“A ustedes les consta…” si se pudiera, de debería leer de un tirón, aunque sus 546 páginas merecen más que un repaso. Un ir y venir para consultar la cita, el dato, la frase. No se puede leer si participar. Es una ventana por la que hay que saltar y llegar al espacio que muestra algo más que la radiografía de un país.
El libro debería ser un manual para estudiantes de “Ciencias de la comunicación o de Periodismo” que no encontrarán nunca en la televisión. Lo que el libro les puede aportar está fuera de toda duda, más allá, mucho más allá, de las sesudas teorías de las aulas.

Aquí reunidos están dos siglos de escritos, que podrían llamarse clásicos por notables. Tan actuales pese a la supuesta evolución tecnológica que no alcanza mirar los hechos que pasan frente a la nariz. “…frente a la globalización rápida y/o a pausas, los cronistas quieren poner de relieve la intensidad prosística, el humor, la fantasía y el desmadre, otra de la guías posibles del entendimiento” Los textos ahí reunidos, son piedras que sostienen las columnas sobre los que se ha edificado el periodismo en nuestro país.

Un fragmento de Luis G. Urbina: “Es cierto que un cronista no es un artista. Mas no sé qué diablos tiene este género periodístico que; sin ser superior, requiere una expresión pulcra, un temperamento vibrante, una observación atinada, y, a ser posible, cierta dosis de fantasía para combinar y colorear las imágenes. Un cronista está a merced de los acontecimientos. La vida de los tiempos. El periodista los enfoca y los presenta con visualidad personal y, así, ofrece un panorama de la actualidad circundante elaborado por la sutileza de la observación y la brillantez del estilo”

“Y llegaron los aztecas que venían de Aztlán al lago de Tenochtitlan, y aguardaron los signos de la profecía, y allí junto al nopal y el águila y la serpiente, ya los esperaba una muchedumbre de reporteros y cronistas.”

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