Mario Tassías
Y a otra cosa. Pasadas las elecciones. Celebrados los triunfos. Digeridas o no las derrotas. La vida sigue. Dedicarle más tiempo al veredicto de los electores, es presunción de quienes tienen como profesión la política y los políticos.
De la política nos ocupamos desde nuestras esferas de influencia personal. De los políticos que se ocupen ellos.
En la entrega de ayer, me referí a que en Chiapas se votó con armonía. Partidos, como instituciones y políticos como entes sociales, conocían de antemano los resultados.
Era cuestión de que se cumplieran los tiempos. La repartición equitativa de los doce distritos, da pie a pensar, que las victorias y las derrotas estaban largamente anunciadas.
Los actores tuvieron elementos suficientes para saber de antemano, el resultado de la elección. No hay sorpresa en Chiapas. Aquí no arrasó el PRI, tampoco el PAN, no el PRD.
A cada cual le tocó su tanto, pueden darse por satisfechos. Una expresión fuera de este contexto es pérdida de perspectiva del escenario. A lo mejor bravatas fuera de contexto. Los demás partidos fueron, una vez más escenografía de un tinglado electoral.
No se necesita ser un amplio conocedor de la ingeniería electoral, o receptor de fuentes “dignas de todo crédito”, para advertir que a mediados de junio, la intención del voto de los chiapanecos, lo dijimos en este mismo espacio, se antojaba para un empate entre tres. Dijimos que sería, sino histórico, por lo menos anecdótico que los tres principales partidos se repartieran equitativamente los distritos.
Las tendencias electorales serias así lo manifestaban. Hay quien juega al adivino, y tenía otras predicciones. Si las tendencias electorales son figuras matemáticas que se mueven a capricho de los votantes, y este fenómeno repercute en el conteo de los votos el día de la elección, las tendencias marcaban este curioso mapa electoral en Chiapas.
Los representantes por Chiapas son, por el PRD Juan Carlos López Fernández, Luis Hernández Cruz, Ariel Gómez León y Sergio Ernesto Gómez Villanueva de los distritos de Palenque, Ocosingo, Tuxtla Oriente y Villaflores.
Por el PAN los representantes son Ovidio Cortazar Ramos, Mirna Lucrecia Camacho Pedrero, José Manuel Marroquín Toledo y Carlos Martínez Martínez de los distritos de Ocozocoautla de Espinosa, Tuxtla Poniente, Tonalá y Huixtla.
Del PRI en alianza con el PVEM los ahora diputados son Hernán de Jesús Orantes López, Sergio Lobato García, Roberto Armando Albores Gleason y Sami David David, de Bochil, San Cristóbal de Las Casas, Comitán de Domínguez y Tapachula de Córdova y Ordóñez.
Conocidos los resultados, si debe preocuparles el nivel de abstencionismo y la cantidad de votos nulos registrados en la jornada del domingo, solamente la soberbia puede no hacer caso de esa manifestación de los electores.
Al no haber una mayoría manifiesta, gana el estado. No hay hegemonías. Cualquiera de los ganadores, puede representar a cada una de las instituciones que hoy tienen cuatro distritos para sí.
Las siglas se difuminaron. La armonía es sinónimo de acuerdo, concordia, avenencia, arreglo, amistad, fraternidad. Se podía esperar más de los políticos que compitieron el 5 de julio.
Salvo el discurso transexenal del hermano del “peje”, en Chiapas, no pasa nada como resultado de las elecciones. Ganaron quienes sabían que habían de ganar. ¿Eso es bueno, es malo o simplemente una manifestación de apatía? Otra página se empieza a escribir.
