Punto de vista

Mario Tassías

Este domingo 5 de julio de 2009, se escribe otra página sobre el ejercicio de la democracia en México, este concepto abstracto elaborado por nuestra mente, que trasciende hacia la realidad.
El día de elecciones es algo más que un trazo que millones de electores cifran, constituyen una posibilidad. Es la apertura de un juicio donde el sustento del litigio es la legitimidad de una representación popular con un porcentaje que no alcanza mayoría.

Como resultado de toda contienda habrá vencedores y vencidos. Los vencedores celebrarán el triunfo. La victoria no tiene explicación. Los perdedores, tienen como argumento, el recurso de la queja para atenuar la caída, pero al final pasan a segundo plano, sería un error ignorarlos, en el escenario de los acuerdos fundamentales del país.

La del 5 de julio habrá sido una de las primeras campañas que desafío la intromisión grosera de los medios de comunicación. Principalmente radio y televisión. En el desafío llevó la penitencia. No pudo soslayar un principio elemental de equidad. Acostumbrados a la imagen visual, la curiosidad no pudo satisfacerse con imágenes, lo que con palabras intentaron quienes buscan representarnos en la Cámara de Diputados. Los vendedores de imagen y de aire, dejaron de ingresar a sus cuentas poco más de 10 mil millones de pesos, por ese concepto.

Desearía que como resultado de las votaciones solo hubiera ganadores. Existe un concepto en organización de grupos denominado ganar/ganar, que refiere la satisfacción del cliente, gracias a la eficiencia y eficacia del prestador del servicio o vendedor del producto.

En el proceso electoral, que tiene su punto de mayor concentración el primer domingo de julio, hubo una serie de momentos que en evolución dieron al traste con el servicio o la mala calidad del producto. Algunos, se dice ahora, que millones de clientes a disgusto con el producto de la misma matriz política, refirió un elemento que puede provocar más que un serio revés.

A la selección fundamental de las instituciones políticas, al abstencionismo, al voto inducido en la boleta, ejercicios ya tradicionales, se suma ahora el “voto en blanco”. Malquerido y amado, auspiciado y promovido, por personas que ven otra alternativa. Esta otra expresión de la voluntad, estará presente. Falta poco para saber si fue un error o un acierto. Quienes lo condenan de antemano, padecen intolerancia, enfermedad que aqueja a la mayoría de los partidos.

Sobre su congruencia o no se ha dicho bastante para el tema, ahora hay que esperar la sentencia no salomónica y mucho menos apocalíptica, pero si neurálgica para que los dirigentes de los partidos políticos, destinen un tiempo para ver la forma y el modo de satisfacer a los electores. Sus principales clientes.

Si la humildad fuera una cualidad de esos interlocutores, ese problema sería fácil de abordar.

Entendamos que una persona completa es, cuerpo, mente, corazón y espíritu. Si como parte de la satisfacción del cliente se deja de atender alguna de estas cuatro partes de la naturaleza humana, se convierte a las personas en cosas. Un error que en política se paga con la pérdida de una elección. Es un costo que tarde o temprano es cobrado. Es una factura sin fecha de vencimiento. Todos los partidos políticos saben las consecuencias.

Si este domingo los electores escriben una página más sobre el ejercicio de la democracia en México, es indispensable que esa voluntad no sea truqueada. Votar es un acto voluntario, habría que considerar una voluntad libre. Todo lo demás será en contra de una mejor convivencia social. Existen páginas de la historia que así lo consignan.

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