Mario Tassías
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A la capacidad para entender, comprender e inventar, los especialistas han denominado inteligencia. Ya Cicerón en su ecléctica retorica, un siglo antes de la era cristina, había usado el término.
Por inteligentes pasan aquellos que coloquialmente llamamos abusados, astutos, buenazos para la actividad en la cual se desempeñan. Juan Piaget (1896-1980) decía que: “Inteligencia es lo que usas cuando no sabes qué hacer”.
Desafortunadamente por inteligentes también clasificamos a quienes bajo ardides, artimaña o sutilezas alcanzan lugares de privilegio en los círculos de poder. Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico, dijo alguna vez que: “No hay cosa que haga más daño a una nación como el que la gente astuta pase por inteligente”.
El Diccionario de la Lengua Española pone dos definiciones: “Facultad de conocer, analizar y comprender; Habilidad, destreza y experiencia. Agrega la locución “Inteligencia artificial” término utilizado en informática para denominar al “Conjunto de técnicas que, mediante el empleo de la informática, permite la realización automática de operaciones hasta ahora exclusivas de la inteligencia humana”.
Para la palabra inteligencia el Diccionario de Sinónimos y Antónimos, Espasa – Calpe integra entre otros, los siguientes términos: intelecto, mente, pensamiento, imaginación, comprensión, conocimiento, entendimiento, razonamiento, juicio y razón, y como antónimos torpeza e incultura.
Buscando la etimología de la palabra, encontré el término “talento” y la siguiente historia: http://www.elcastellano.org/palabra.php?id=1907 “Los griegos llamaban tálanton al platillo de la balanza y, por extensión, también a las cantidades de metales preciosos que ponían allí para ser pesados. En épocas posteriores, tras una nueva evolución del término, se llamó talento a diferentes monedas que circulaban en varias ciudades del mundo helénico. Fue como nombre de moneda que talentum llegó más tarde a Roma, hasta que a cierta altura del desarrollo del Imperio, adquirió el significado de tesoro.
“La palabra aparece por primera vez en castellano en el Fuero de Avilés (1155), ya con el sentido de ‘inteligencia’ o ‘dotes intelectuales’. Corominas presenta la hipótesis de que este cambio de sentido en nuestra lengua puede deberse a la parábola evangélica del servidor que obtuvo lucro de los talentos (tesoro) que le habían sido confiados en custodia, a diferencia de otro, que enterró el tesoro que le había sido entregado sin extraer de él ningún provecho, lo que habría dado origen al significado de talento como “dotes naturales”.
Entonces podríamos inferir que inteligencia es una dote entendida como cualidad o aptitud sobresaliente. Concesión que en derecho catalogamos como un nnegocio jurídico por el cual la Administración cede a una persona facultades de uso privativo de una pertenencia del dominio público o la gestión de un servicio público en plazo determinado bajo ciertas condiciones, y así podríamos seguir explorando en el lenguaje.
Inteligencia en aquel tiempo, una donación, asignación, obsequio, prebenda, regalo, cualidad, excelencia, don, prenda, virtud, habilidad, aptitud ¿que la vida nos da?
Antes de Cristo, Aristóteles (384-322) ya decía que: “La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica”. Eso explica ¿Por qué a algunas personas les va mejor en la vida que a otras? Es probable.
Mientras revelamos la razón que podría dar respuesta a la pregunta, tendríamos que entender que somos seres emocionalmente dependientes o interdependientes emocionales.
¿Qué papel juega aquí el Coeficiente Intelectual, IQ (intelligence quotient), que llaman los especialistas? ¿Acaso sirva para medir algo más que las diversas facultades mentales o la capacidad individual? Creo que la inteligencia es algo mucho más importante como para dejarla en manos de quienes construyen sondeos, que al igual que otras pruebas matemáticas, se parecen a los bikinis, que muestran mucho, pero no enseñan todo.
Será por eso que José Ortega y Gasset (1883-1955) aquel insigne filósofo y ensayista español decía que: “La mayor parte de los hombres tiene una capacidad intelectual muy superior al ejercicio que hacen de ella”.
