Punto de Vista

Mario Tassías
comunicologo10@yahoo.com.mx

Señala el diccionario que “la pederastia en un delito atroz”. Es la definición mínima que la indignación propone para calificar el “abuso deshonesto cometido por un adulto hacia l@s niñ@s”.
Aunque la contradicción lingüística sea evidente, debo decir que no es necesario privar de la vida a un menor, para destruir la existencia de quien es víctima de la acción dolosa de un desequilibrado mental.

Esta semana http://www.piensabrainmedia.com/ en su edición 132, del 28 de mayo de 2009, aborda el tema a partir del uso del internet.
Bajo el título “Ciberpederastas: Monstruos en la red”, el reportaje que abarca 10 hojas electrónicas, revela que “En México, el combate a la pederastia cibernética exige vigilancia constante”. Afirma que “México es líder en la distribución de pornografía infantil”.
“En 2004 se detectaron más de 100 mil páginas de pornografía infantil en México, sin contar aquellas escondidas por refinados códigos de acceso”.
El informe señala que “En un ejercicio para demostrar la fragilidad de la red y la astucia de los abusadores, Eduardo Zepeda , inspector retirado de la PFP y actual miembro de la empresa de seguridad Damge Control, se hace pasar por una quinceañera que, en menos de 15 minutos es contactado por un hombre” .
“El sujeto platica con “ella”, la agrega al Messenger y, después de asegurarse que está sola en su casa, pone una webcam donde aparece desnudo y masturbándose, incluso proporciona un celular para que “ella” le marque. Al informarle lo que sucede, el se desconecta aterrado”.
Este relato, es un pequeñísimo botón de muestra para alertar a padres y madres con hijos menores de edad, que en uso de su derecho, utilizan la computadora y el internet como auxiliar en las tareas escolares o para diversión.
En su momento, Gustavo Caballero, comandante de la Policía Cibernética del Distrito Federal, reconoce que “es difícil monitorear los sitios de internet que utilizan los pederastas que operan encubiertos por el anonimato”.
El informe advierte que: “El primer paso para prevenir un abuso a menores, utilizando internet como herramienta, es conocer a los posibles criminales”.
“Y aunque ahí no se distingan razas, ni credos, la estadística indica que el 80 por ciento de los victimarios suele encontrase en el círculo cercano del menor, familia, escuela, amistades”.
La ciberevista incluye una entrevista con Lydia Cacho, periodista, activista social y escritora.
La autora de “Los demonios del edén” en el que denuncia la pederastia, y de “Con mi hij@ no” manual para prevenir, entender y sanar el abuso sexual, desvela la pederastia en México. Define las subcategorías de los pedófilos, y las patologías psiquiátricas de los abusadores.
Por su parte Carlos Lang, de Damage Control, revela que ante el vacío legal sobre el tema, su empresa ha creado un software de seguridad cibernética que pude ser adquirido a un bajo costo o gratis bajo el patrocinio de alguna institución, para impedir que el menor navegue en aguas turbulentas con evidente peligro de naufragio.
La publicación enlista 7 indicadores de riesgo para los pequeños que usan la red de redes, si pasa largos períodos conectado, especialmente por la noche; guarda páginas con pornografía en su computadora; recibe o hace llamadas a números desconocidos; recibe paquetes o regalos de desconocidos; apaga el monitor o cambia de página cuando un adulto se acerca; se aleja de la familia por razones poco claras o Utiliza una cuenta de correo desconocida.
Sugiere hablar abiertamente con los menores, advertirles del peligro que representan los pederastas; pedirles que muestren los sitios favoritos de internet; mantener la computadora en un área común de la casa; utilizar filtros de control de contenidos que proveen los servicios de internet o adquirir software de bloqueo, revisar los chatrooms; solicitar acceso a las cuentas de los pequeños y revisar su correo electrónico, hay que ser honesto con el menor acerca del proceder del adulto y las razones para ello; conocer los mecanismos de seguridad empleados por las escuelas, cibercafés o bibliotecas donde el menor puede tener acceso a computadoras.
De lo que se trata es “Que ni una palabra ni una mirada obscena manchen la casa donde haya un niño” como dijo alguna vez el poeta satírico romano Juvenal (67-127)

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