Punto de vista

Mario Tassías

No arrogarse compromisos es muy cómodo para quienes asumen actitudes pasivas. Para los políticos, es una condición ligada a su actividad. Con los diputados que buscan el voto para el próximo 5 de julio, salvo connotadas excepciones, a cual más proponen ideas inesperadas y repentinas. Simplemente ocurrencias, total participar es lo que importa. Viste, es currículum.
Desde el que quiere construir un río para inaugurar un puente. Al que señala que solamente con su elección tendremos un país mejor, los aspirantes a la diputación federal han suscrito como propuestas de campaña cualquier cantidad de absurdos.

Un argumento para proceder como actúan, está en el bajo perfil de quienes aspiran a ser nuestros representantes populares desde el Poder Ejecutivo Federal.

Los eventos a los que sin convocatoria nos han mostrado, no da lugar a dudas del grado de desarrollo de facultades intelectuales y morales. Sus frutos abonan el espacio de sus respectivas campañas.

Muchos de ellos y ellas, también, “dan el pegón”, pero nada más. Son ficciones y artificios los que los distinguen. Sería inútil mostrar la lista de desaciertos. Los electores saben cuáles son las cartas de presentación. Lo increíble es que todavía haya quien les siga, les defienda y les elija.

Son males de nuestra sociedad que poca o nula importancia le da a la política. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos, que no arte difícil y noble que definen los puristas. Y mucho menos, llevada a la práctica como el servicio a los demás. “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” decía el cómico estadounidense Groucho Marx (1890-1977) estadounidense y tristemente tiene razón.

¿Quiénes de ellos entienden que el poder debe ejercerse como servicio a la sociedad? En sus postulados de campaña, no hay ninguna referencia. ¿Quiénes saben cuáles son las necesidades públicas?

En sus postulados son nulas las referencias al “nosotros” hablan del “yo”. Son temperamentos yo-yo. Para muchos de esos candidatos, la llegada al poder representa sin dilación alguna, el enriquecimiento, el tráfico de influencias y el privilegio a la minoría, en detrimento de la mayoría. Así se les percibe. Es la fotografía que proyectan.

Por ellos y ellas, el círculo se concreta. La mala imagen, además, la mala forma de los aspirantes, ha alejado a los electores de las urnas. Las próximas elecciones están previstas para un abstencionismo superior al 65 por ciento.
La decepción es notoria. Frustrante para quienes tienen el poder de elegir. Es cosecha que ellas y ellos, sembraron durante muchos años.

Basta un ligero repaso por los nombres, para darse cuenta quiénes son los que aspiran a representarnos. No es extraño encontrar a los de siempre. Aquellos que no saben hacer otra cosa que levantar el dedo. Los que reciben el calificativo de chapulines. Tampoco es difícil hallar debutantes y perdedores de carrera.

Si nos atenemos a la frase bíblica “por sus frutos los conoceréis”, muy poco debemos esperar de los aspirantes.

Vale un recuento de la recién concluida Legislatura para darse cuenta que de los representantes chiapanecos, poco o nada puede llevarse a la práctica. No paga el costo de estancia en la Cámara de Diputados, el esfuerzo por llevarlos a la representación federal. Las listas actuales tienen las mismas fisuras.

Objetaba Thomas Hobbes (1588-1679) filósofo y tratadista político inglés que: “Al deseo, acompañado de la idea de satisfacerse, se le denomina esperanza; despojado de tal idea, desesperación”.

Bueno sería que ahora que la “influenza” modificó las estrategias de campaña, los aspirantes retomaran con seriedad el compromiso de asumir responsabilidades ante el electorado. Es difícil transformar el mundo, pero algo tiene que hacerse, no podemos seguir como hasta hoy.

comunicologo10@yahoo.com.mx

¡Comparte la nota!