Punto de vista

Mario Tassías

Este lunes 13 de abril, la editorial Alpha Decay pone en circulación el libro titulado Correspondencia. Julio Cortázar, Carol Dunlop, Silvia Monrós-Stojakovic, que reúne nueve cartas y postales del autor de Historias de cronopios y de famas, junto a cinco de Dunlop y otras cinco de Monrós-Stojakovic.
El también autor de Rayuela reaparece en ausencia física, con una edición de la editorial española, que muestra un lado vulnerable de uno de los más grades referentes de la literatura universal contemporánea.

La nota del anuncio publicada el pasado día 7 de abril de 2009 en la página de internet del diario El País, http://www.elpais.com/global/ señala que las misivas, “fechadas a principios de los años ochenta, recoge la preocupación de Dunlop después de que a Cortázar le diagnosticaran una leucemia, el dolor del autor por la muerte de su esposa y la emoción ante la escritura de Los autonautas de la cosmopista o un viaje atemporal Paris- Marsella”.

Los autonautas de la cosmopista o un viaje atemporal Paris- Marsella, publicada al mismo tiempo que la traducción francesa de Gallimard, Les autonautes de La cosmoroute – Voyage intemporel Paris-Marseille, escrito a cuatro manos con Carol Dunlop, está dedicado “… a todos los plantados del mundo y en especial al caballero inglés cuyo nombre no recordamos y que en el siglo dieciocho recorrió la distancia que va de Londres a Edimburgo caminando hacia atrás y entonando himnos anabaptistas”.

La correspondencia a la que hace referencia el libro que será presentado el segundo lunes de abril, muestra en la carta dirigida a Silvia, fechada el 13 de diciembre de 1982, a un Cortázar enamorado de Carol que ya se ha ido y de su preocupación por terminar “Los autonautas…” “Se lo debo, quiero que salga en este momento es mi única manera de seguir junto a ella, hablándole y escuchándola”.

Unos días antes, el 29 de noviembre de 1982, Julio le dice a Silvia: “…recibo tu postal de Túnez. Lo que tengo que decirte es horrible: Carol murió el 2 de este mes, después de dos meses en el hospital donde nada pudieron hacer para salvarla. No puedo agregar nada, salvo que ella te quería mucho y se alegraba con cada una de tus cartas. Estoy en un pozo negro y sin fondo. Pero no pienses en mí, piensa en ella, luminosa y tan querida, y guárdala en tu corazón”.

El 10 de agosto de 1981, en una carta escrita en Aix-en-Provence, Carol le cuenta a Silvia, el gusto que le provoca recibir sus cartas. Le habla de su estancia en Nicaragua. La voluntad de Julio para escribir dos novelas. De la leucemia que ya padecía. De por qué viven dentro de la combi Volkswagen, Dragón rojo que devora caminos que lleva las placas 93 69 XE 75 (F) de Francia y que ellos llaman Fafner. De por qué no se van a salir de la autopista entre el 23 de mayo y antes del 26 de junio. Es una carta de seis páginas escrita desde la carretera, teniendo como escritorio el volante del Dragón. Del viaje de Paris a Marseilla. De escribir juntos un libro alrededor de la experiencia, tomándoles el pelo a los antiguos exploradores y gozando de la ironía de tomar el camino más rápido y más civilizado.

La escritura sentimental y viajera de Cortázar, se revela en “Los autonautas…” “La editorial Alpha Decay publica la próxima semana cartas cruzadas entre ambos amantes, el escritor y la fotógrafa, y cartas que se escribieron ambos con su amiga serbia Silvia Monrós-Stojakovic, que también fue traductora del autor al serbio”, reseña la nota del diario español.

En los prolegómenos de “Los autonautas…” Cortázar, le solicita autorización al Señor Director de la Sociedad de las Autopistas: “De cómo escribimos una carta que no por insólita dejaba de merecer respuesta, cosa que no aconteció, y de cómo en vista de ello los expedicionarios decidieron ignorar tan incalificable conducta y llevar a buen término lo que en ella se explicaba de la manera más galana y detallada”.

“Aparte de la pequeña aventura que esto representa, tenemos la intención de escribir paralelamente al viaje un libro que contaría en forma literaria, poética y humorística las etapas, acontecimientos y experiencias diversas que sin duda nos ofrecerá tan extraña expedición. Dicho libro se llamará quizá París-Marsella en pequeñas etapas, y está claro que la autopista será su protagonista principal”.

Recientemente Eduardo Galeano al hablar de Julio Cortázar, la eterna presencia del enormísimo cronopio, recordó que con setenta años “Julio era un niño que tenía todas las edades a la vez”.

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