Punto de vista

Mario Tassías

La “Obamanía” es una corriente que está regresando al lugar de donde salió. Los interesados en los procesos políticos de nuestro país, pusieron a Barack Obama como ejemplo de organización para ganar una elección.
Más de uno asumió que los recuentos de la histórica elección pasada en Estados Unidos, podrían ser aplicados en México y en Chiapas en particular. Escuché en la radio a más de uno proclamar que para el proceso electoral que tiene votaciones el 5 de julio próximo, mucho de las estrategias empleadas por el actual presidente norteamericano se podrán poner en práctica.

Dimensionada a su máxima extensión, la campaña de Obama tiene infinidad de aristas, muchas para la anécdota, pero otras realmente sólidas para el aprendizaje. No está mal que los políticos experimenten, aunque de antemano se vislumbren mundos de diferencia.

Ha sucedido también con la economía. Para los especialistas, las propuestas de Obama tienen sentido electoral, la realidad lo está ubicando en el lugar que históricamente le corresponde. No más, pero tampoco menos.

Hace unos días en The New York Times, Noam Chomsky, lingüista, filósofo, activista, autor y analista político estadounidense, “señala que buena parte del respaldo a la campana de Obama, así como muchos de sus asesores económicos, provienen de las instituciones financieras que se están beneficiando del plan de rescate del gobierno de George W. Bush”.

Por partes se entiende mejor el tema que aborda Chomsky. Dice el maestro: “Los indicadores habituales señalan que el partido opositor debería barrer durante una grave crisis económica, tras ocho años de una política desastrosa en todos los frentes, incluido el peor record en materia del crecimiento de empleos de cualquier presidente de la posguerra y de una rara declinación en la riqueza promedio”.
“Tal vez ningún partido refleja la opinión pública en una época en que el 80 por ciento de los estadounidenses piensan que el país enfila en la dirección equivocada y que el gobierno está administrado por “algunos grandes intereses que solo piensan en sí mismos”, no en el pueblo, en tanto un asombroso 94 por ciento cuestiona que el gobierno desdeñe a la opinión pública”.
Dice Chomsky: “En cierto sentido, la elección siguió pautas familiares. La campana de John McCain fue lo bastante honesta como para anunciar con claridad que la elección no discutiría tópicos. En cuanto a Barack Obama, su mensaje de “esperanza” y de “cambio” ofreció un pizarrón en blanco en el cual sus simpatizantes podían escribir sus deseos”.
“… la campaña de Obama impresiono a la industria de las relaciones publicas, que lo designaron “el experto en mercadeo más importante del 2008”, derrotando con facilidad a Apple. La primera tarea de la industria es asegurarse que los clientes carentes de información hagan selecciones irracionales, socavando de esa manera las teorías de mercado que proponen exactamente lo opuesto. Y los expertos en relaciones públicas reconocen los beneficios de socavar la democracia de la misma manera”. Señores políticos aspirantes de hoy y de la elección de 2012 ahí les hablan.
“La organización “The Center for Responsive Politics” dice que una vez más, las elecciones fueron compradas: “Los candidatos con mejor financiamiento ganaron nueve de 10 elecciones, y todos, excepto algunos escasos miembros del Congreso, retornaran a Washington”.
Claro que aquí estamos hablando exclusivamente de Estados Unidos, en México no pasa eso.
Dejando de lado la alta retórica sobre la esperanza y el cambio, ¿qué podemos esperar de la administración de Obama?
Desde la perspectiva de Chomsky: “La preocupación principal del nuevo gobierno será detener la crisis financiera y la simultanea recesión en la economía real. Pero hay también un monstruo en el armario: el ineficaz sistema privado de cuidado de la salud, que amenaza abrumar al presupuesto federal si las actuales tendencias persisten”.
“Una mayoría del público ha favorecido por largo tiempo un sistema nacional de cuidado de la salud, que debería ser mucho menos caro y más eficaz, según indican las evidencias comparativas (junto con muchos estudios). En fecha tan reciente como el 2004, cualquier intervención del gobierno en el sistema de atención a la salud era descrita por la prensa como “imposible a nivel político”. Eso significaba que se oponían la industria de los seguros, y las corporaciones farmacéuticas”.
Pero sin embargo, en el 2008, primero John Edwards, luego Barack Obama y Hillary Clinton, adelantaron propuestas que se aproximan a lo que por largo tiempo ha preferido el público. Estas ideas tienen ahora “apoyo político”. ¿Qué ha cambiado? No la opinión pública, que permanece con la misma opinión de antes. Pero para el 2008, sectores importantes de poder, especialmente la industria manufacturera, habían llegado a reconocer que estaban siendo gravemente afectadas por el sistema privado de atención a la salud. Por lo tanto la voluntad pública está comenzando a tener “apoyo político”. Hay un largo camino por recorrer, pero el cambio nos dice algo sobre la disfuncional democracia en la cual la nueva administración busca su camino”. Un camino lleno de abrojos, agregaría.
(Los ensayos de Noam Chomsky sobre lingüística y política acaban de ser recolectados en “The Essential Chomsky”, editados por Anthony Arnove, y publicados por the New Press. Chomsky es profesor emérito de lingüística y filosofía en el Instituto de Tecnología de Massachusetts en Cambridge).
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