Cosme Vázquez /ASICh
Tras recibir de manos del gobernador Juan Sabines Guerrero la medalla Rosario Castellanos, máximo galardón que otorga el Congreso del estado de Chiapas a los hombres y mujeres que se distinguen por su aportación en la ciencia, arte o virtud en grado eminente como servidores de nuestro estado, de la patria o de la humanidad, el Dr. Fernán Pavía Farrera asumió una tarea más en su vida al servicio de sus semejantes, de dar su aportación médica para la cura del asma. En la tribuna de la cámara de diputados, en la sesión solemne de la 61 Legislatura celebrada para la entrega del galardón, el galardonado solicitó al gobernador Juan Sabines Guerrero se le permita desde el ámbito de la Secretaría de Salud, poder aplicar un tratamiento que ha descubierto para curar el asma.
Dijo que la demostración de esta cura lo haría con casos más difíciles que estén siendo atendidos en hospitales públicos; tres pacientes menores de edad y tres adultos. Asegura que en siete días verían los resultados satisfactorios en los niños y en 15 días en los adultos.
La propuesta del también distinguido por sus tratamientos médicos al cáncer de la matriz, según lo revelan resultados de sus actividades profesionales de 1944 a 1980, fue bien recibida con un fuerte aplauso del público asistente y del mandatario, inclusive.
Asimismo, el galardonado anunció que próximamente saldrá al público su libro titulado Cirugía medicina en unidades y hospitales, que no es más que un compendio de lo que ha sido la medicina en el mundo, México y en Tuxtla, todo para revelar las condiciones en que se encontraban el ejercicio de la medicina cuando los médicos tuxtlecos Domingo Chanona y Rafael Grajales actuaron brillantemente y que lamentablemente han pasado al olvido.
Precisamente por sus obras y sus donativos que han hecho estos hombres, también solicitó al gobernador ponerle el nombre de estos médicos a dos instituciones.
Expuso que el Dr. Domingo Chanona fue el primer médico que impulsó la creación de hospitales en Tuxtla y sirvió en ese hospital sin cobrar honorarios, en tanto el Dr. Rafael Grajales donó 50 mil pesos de ese entonces para la creación del hospital que llevara su mismo nombre, y además dejó una enorme propiedad en la ciudad de México, donde ahora se conoce como el eje uno y llegaba hasta el callejón del 57, a 200 metros del edificio de Correos, para beneficiación del cáncer.
Inclusive, dijo que el testamento del doctor Grajales debe estar en el Archivo porque tuvo tiempo de hacerlo en 1938, anotó. ASICh
