PRD: momento de definiciones

Amalia D. García Medina

Hoy inicia en la ciudad de México el décimo Congreso Nacional Extraordinario del PRD. El propósito es hacer una reflexión profunda sobre el papel de la izquierda en este momento del país. ¿Qué es lo puede aportar una fuerza política como el PRD? ¿Qué puede hacer a favor de México desde los espacios de decisión en los que participa?
En la Cámara de Diputados, donde es el segundo grupo parlamentario, en el Senado, en los gobiernos estatales, en los congresos locales, en los gobiernos municipales. Son muchos los espacios que hemos abierto a través de décadas de una lucha extraordinaria, yo diría heroica, de tantos hombres y mujeres que plantearon con firmeza que la izquierda debía gobernar. Es una experiencia extraordinaria y es una discusión que la izquierda debe asumir desde nuevas perspectivas.

Hace algunos años, quienes ingresábamos al Partido Comunista asumíamos que nuestro objetivo sustancial era instaurar en el país la dictadura del proletariado. Sin embargo, gente como Arnoldo Martínez Verdugo empezaron a plantear cuestiones que hoy nos parecen naturales, pero que entonces fueron motivo de amplias discusiones. Y me refiero a la disyuntiva de trabajar por la dictadura del proletariado o por la democracia. Las discusiones fueron apasionadas, porque hablar de democracia entonces era señalado como una grave concesión ideológica.

Arnoldo insistió en subrayar que la democracia y la libertad también eran valores fundamentales de la izquierda y no sólo la justicia social. Al mismo tiempo, estábamos realizando una reflexión muy importante sobre el carácter del régimen político mexicano. Y al definirlo como un sistema de partido de Estado estuvimos obligados a hacer la crítica general de esos sistemas en otras partes del mundo. Puedo decir que ése fue un debate doloroso, incluso porque nuestra visión partía de convicciones muy profundas que no habían contemplado una visión crítica.

La decisión de incorporar a la democracia y a la libertad como valores nuestros, valores de izquierda, significó luchar para cambiar al régimen político por uno que fuera democrático y pluripartidista.

No fue sencillo, muchos fueron encarcelados, incluso perdieron la vida por esas batallas, por cambiar al país, y fue un momento en el que también cambiamos nuestro paradigma, la visión y la concepción de la política.

Ante la complejidad de los escenarios en México y en el mundo, la reflexión sobre el camino de la izquierda vuelve a convertirse en un gran planteamiento de fondo que nos sacude.

No cabe duda que necesitamos nuevas respuestas, nuevas formulaciones que constituyan ejes de acción política, incorporando la visión desde los gobiernos. Hoy, como hace décadas, es necesario construir nuevos paradigmas que pongan el acento en el compromiso con la gente, en cumplir con eficacia.

Haber sustituido el objetivo de la dictadura del proletariado por uno que subrayaba el reconocimiento al pluripartidismo, la convivencia entre distintas visiones ideológicas y políticas, y la concepción de una cultura democrática, nos ha llevado a lograr avances. Sin duda no son suficientes, por eso ahora debemos seguir construyendo sobre esa postura para que nuestras acciones sean más eficientes.

Hoy, la pluralidad y el pluripartidismo nos llevan a la alternancia en el poder, a la “incertidumbre democrática”, porque quien llega a un cargo de gobierno o de representación popular no lo hace de una vez y para siempre. Es la gente la que decide y ningún partido ni fuerza política tiene escriturado ese espacio. En el juego democrático, la izquierda debe presentar su proyecto de país, su visión y sus planteamientos. Sin duda los debates del décimo Congreso Nacional bordarán sobre estas perspectivas partiendo de esta compleja realidad.

Gobernadora de Zacatecas

¡Comparte la nota!