Manuel Camacho Solís
En los próximos días, el PRD debiera hacerse las siguientes preguntas: ¿A dónde vamos? ¿Qué necesitamos para tener éxito?
El PRD, como eje de la coalición que ganó las elecciones presidenciales en por lo menos la mitad del territorio nacional, tiene tres caminos por los que puede circular en el futuro inmediato.
El primero es el de la fractura interna que, irremediablemente, lo llevaría a la división del electorado de izquierda entre dos o más partidos regionales y testimoniales.
El segundo es seguir con la inercia que lo llevó a ser el tercer partido, dentro de un sistema de dos fuerzas principales (PAN y PRI); es decir, ser el tercer partido que se quede con 16%-18% de los votos.
El tercer camino es empezar a recuperar el capital electoral que ganó con la candidatura de AMLO en 2006, para lo cual tendría que afianzar lo que dio resultado, llenar las deficiencias y corregir los errores que se cometieron entonces.
Dividir al Frente Amplio y al PRD sería el peor error. Si las corrientes dominantes en la organización se enfrentan con la base social que confía en AMLO, o si el movimiento de la Convención Nacional Democrática decide convertirse en partido, se dividirán entre ambos al electorado que confió en ellos y difícilmente podrían disputarle nuevos electores a PRI y a PAN. La suma de los votos de los dos partidos (PRD y CND) ni siquiera alcanzaría 35% de 2006, por una razón sencilla: el electorado sabría desde ahora que ninguno de los dos va a ganar, por lo que se abstendría, o votaría a favor del candidato menos malo del PRI o del PAN.
La única justificación para una fractura sería apostar al derrumbe del régimen actual de partidos, para convertirse en la fuerza salvadora. Ese cálculo sería más producto del voluntarismo que de la razón. Las instituciones políticas están seriamente dañadas, pero las mayorías sociales y políticas no van a apostar a una desestabilización que daría aún más juego a los poderes fácticos, la ilegalidad y las salidas autoritarias.
La segunda opción, el camino de la inercia, ya es conocido. Es de pequeñas disputas de intereses disfrazadas de ideología. Acuerdos tácticos, sin estrategia ni rumbo. Es formar parte de una vida política cada vez más alejada de los ciudadanos e impotente ante la realidad, vía para vivir del partido, pero no para mejorar la política ni influir en un cambio de rumbo del país.
El tercer camino es plantearse seriamente el objetivo de ganar la Presidencia en 2012. ¿Con qué actitud, con qué estrategia y con qué candidatos se puede recuperar el capital político de 2006 y, a partir de allí, ensanchar la alianza para 2012? Hay pasos inmediatos que se pueden tomar:
—Salirse del laberinto. El principal pleito no es adentro; es para posicionarse frente a la sociedad y ganar puntos frente al adversario.
—Poner 2006 en su lugar. El gobierno actual siempre llevará la carga de la ilegitimidad, pero el PRD no puede vivir atado a ese hecho. Debe ofrecer una esperanza para el futuro.
—Salir de la parálisis. El dilema estratégico no está entre radicalismo o moderación; está entre hacer política efectiva o testimonial.
—Volverse profesionales; no dirimir los conflictos internos en los medios.
—Irrumpir en el debate y en los medios. Hoy todo es comunicación. Hay que entenderlo así y resolverlo. Ganar el debate con lucidez y seguridad.
—Fortalecer la dirección nacional del partido y del FAP, para asegurar profesionalismo en la organización electoral y en la comunicación, así como para someter a los pequeños intereses en función de una estrategia electoral nacional.
—Abrir las puertas a los mejores candidatos.
—Aprender a hablar con quienes piensan diferente, para ganar la mayoría o ser parte de una coalición mayoritaria.
¿2006, otra vez? Sí, y mejor.
Miembro de la Dirección Política del Frente Amplio Progresista
