Augusto Solórzano López /ASICh
Chiapas Corazón de la Tierra es una obra plena que no es poema, ni es canción, pintura, música, verso, sueño, conciencia, historia o ilusión, es todo al mismo tiempo. Es un dispendio de voces, palabras y música que te hablan, te transportan, te arrebatan y te regresan la vida; recrean tus sueños con la risa del jaguar y el final del indio, Sanguiemé, el último Chiapa. Toda o por partes te roba, te señala y enseña la ternura de Sabines; la energía de la tía Rufina (de Rosario) que conduce a la mujer por qué casarme sin prepararme o los Reyes de Fray Bartolomé que son esclavos y lo esclavos que son reyes.
Chiapas Corazón de la Tierra, es un grito de historia, de libertades y de juicios tan presentes y tan actuales como ayer, que, rememora la poesía, el conocimiento y la excelencia del saber que imagina y crea; que alienta y enfurece.
Como Fray Matías que moría de soledad soñando su libertad; senderos, caminos, que a diario recorremos la mayoría de chiapanecas y chiapanecos. Una interminable hilera de más de 110 diez millones de mexicanos.
Chiapas Corazón de la Tierra, puedes disfrutarlo solo o acompañado, en grupo o en familia y siempre habrá un chispa de placer e iluminado conocimiento, como Jaime (que) “en las noches veía las estrellas, pues quería saber si su luna amada era dulce o salada”.
Total desde lo más humilde a lo más sabio: “La luna se puede tomar a cucharadas o en cápsulas cada 2 horas”.
Y del sueño poético a la cruda realidad o al revés, el diagnóstico y la medicina de un Belisario que, rompe el silencio a toda hora y en todo momento, para curar a México, Chiapas, Comitán y todos los pueblos.
“Aplicar con gran paciencia inyecciones de conciencia, cucharadas de justicia y paz, en dosis precisas. Píldoras de libertad con suero de la verdad, gotitas de arte y de cultura y la cura está segura”.
¡Ah! Chiapas, agrega, la que nació de la risa del jaguar.
“Porqué la gente da un trato tan diferente a los pobres y a los ricos, a los grandes, a los chicos; y por qué si soy mujer abnegada debo ser y pensar sólo en casarme, no superarme y en saber”. Dice la niña a la Tía Rufina en la canción de Rosario.
Del dolor de la injusticia y del clamor popular Chiapas Corazón de la Tierra nos conduce por el camino “de madera y hormiguilllo (que) es el cuerpo y es el alma indígena, blanca y negra de las marimbas de Chiapas” (para apaciguar el alma).
Fray Bartolomé, omnipresente refresca, “hay quienes siempre son Reyes aunque los hagan esclavos, y otros que cargan cadenas aunque se crean soberanos”.
Chiapas Corazón de la Tierra, hay que tenerlo; hay que disfrutarlo, es una obra que se identifica con todos y se mete en nuestras venas para recordar “las manos alfareras (de donde) siempre y en el llanto (de) la tierra siempre habrán animalitos de barro”.
La obra amorosamente cuidada, es la filosofía de Belisario, la protesta de Rosario, la voz suave y elocuente de Jaime, el sueño libertario de Matías, la defensa de Fray Bartolomé, el sonido de la marimba la danza de los parachicos, el nacimiento de Chiapas con la risa del Jaguar y la muerte del último caudillo Chiapa, Sanguiemé.
Y como “me dice nana Rufina: “Niña Chayito, la vida siempre responde, poco a poquito”.
Venga pues, el “jarabe de tolerancia con pastillas de esperanza, igualdad y educación, que no falte el corazón y la lista está completa… ¡Que se aplique la receta…! ASICh
