Peleas de perro como juego de apuestas

Darinel Zacarías /ASICh
Tapachula, Chiapas.- No es necesario remitirse a los más sombríos lugares del Distrito Federal para relatar la clandestinidad con las que actúan las peleas de perros con apuestas; en Tapachula, las hay en colonias como Xochimilco, Colinas del Rey, Laureles, Azteca y lo que quedo de la Obrera, por decir sólo algunas en las que se vive cada semana apuestas que van desde los mil 500 pesos hasta los 10 mil o más. Éstas se realizan en casas o lotes de alguno de los dueños de los perros, donde no se corre el peligro de ser sorprendidos por las autoridades. La ironía es que las peleas son organizadas por jefes policiales de la Policía Federal, Policía Estatal, Agentes Federales y Estatales, Agentes de Migración y pandilleros de las colonias consideradas puntos “Rojos”. Explico el Trompudo dueño de un Bull Ferry.
El médico Agustín Falcón lleva más de 10 meses atendiendo a perros agónicos, desangrados por las peleas clandestinas; harto de ser cómplice silencioso del grupo de peleadores de la colonia Xochimilco.
Esto es como el narcotráfico, la piratería, la prostitución infantil; en las peleas de perros, pocos saben quienes son los que prestan su casa y de que forma organizan las peleas, “vamos pues, nadie sabe quien encabeza eso, y si lo sabes ya estas vendido con ellos para siempre”. Acota el Trompudo.
El dueño del Bull Terry explica “Depende de los gueyes que quieran pelear a sus perros, hay veces que es para ver qué perro es él mas chingón, les dan unos cinco o diez minutos para probarlos, o ya bien sea que nos pongamos de acuerdo en el tiempo.
Hay veces en que nada mas se arma una pelea al día, por lo general cada pelea tarda de 15 minutos a media hora, si son buenos los dos perros”.
Las peleas de perros en Tapachula se hacen en complicidad con las autoridades, según el “trompudo”, subrayó que así como se dan estas peleas en colonias de Tapachula, también se tienen lugares específicos en Cacahoatán, Acacoyagua y Escuintla.
Este es un mundo que sólo oculto puede existir. Un negocio; una afición, un deporte o un rito que finalmente es sangriento por naturaleza.
Una práctica que comenzó en la época de los romanos y que ahora en pleno siglo XXI sigue latente en el inframundo; con los más pobres o los más ricos y donde los cabecillas son jefes policiales, lideres de bandas delictivas como los mareros y que han hecho de este negocio “Amor de Perros a la vista de las autoridades en la frontera sin ley; o más bien la frontera sur” ASICh

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