PAN: conciencia contra apariencia

Manuel Espino Barrientos

La actitud sicopatológica de quienes han trai-cionado al PAN en nombre de su historia y de su doctrina recuerda el comportamiento acomodaticio de Martín Lutero, que lo llevó a justificar su defección. Ya desviado, su soberbia se hizo diatriba contra el rey Enrique a quien, sin escrúpulo, describió como un cerdo, un imbécil y un mentiroso que merecía, entre otras cosas, estar cubierto de excremento.
Panistas leales han sido objeto de hostigamiento, llamados “meones de agua bendita” por quienes, sustituyendo respeto por insulto y evocando a los más ilustres personajes de esa organización, justifican hacer de ella un instrumento al servicio del poder en turno.

Enmascarados como herederos del centro liberal, los autores de la insidia y la difamación se ostentan como representantes del “verdadero panismo”. Esconden miserias, engañan incautos y venden convicciones que no honran en los hechos. Son facciosos, radicales, mezquinos, fanáticos e intolerantes.

Demasiados funcionarios públicos federales han dado la espalda a la congruencia del partido en la responsabilidad de gobierno. Al más puro estilo del viejo PRI, con influyentismo y sin remordimientos, han inclinado voluntades a favor de proyectos personales. Han traicionado el compromiso de destino para alcanzar de manera fácil una meta en el efímero episodio de un sexenio en el poder.

Frente a estos entreguistas refugiados en oficinas públicas, muchos panistas han resuelto defender el prestigio de Acción Nacional y hacer triunfar su propia conciencia ante los ofrecimientos de un mendrugo de poder. Han declinado someterse en forma vergonzante a quienes detentan una fuerza atropellante y temporal, carente de ética y sobrada de ambiciones.

Parece repetirse el episodio que describe Gómez Morín en su ensayo 1915. Refiriéndose a ese año dice que los hombres de la Revolución vacilaban y perdían la fe porque la lucha parecía estar inspirada nomás por bajos apetitos personales, por un terrible desenfreno y una grave corrupción moral que, paradójicamente, parece reeditarse en algunos que hipócritamente se presentan en sociedad como fieles militantes de Acción Nacional.

Alude a los hombres —y mujeres, claro— de sana intención y de convicción ferviente que se perdieron entonces para la acción futura, como ocurre ahora, arrastrados por la perversión o agobiados por la esterilidad de su esfuerzo aislado. Hombres y mujeres que, predicando la rebelión contra una tiranía corrompida, sin advertirlo cayeron en otra corrupción y hallaron otra tiranía.

Este fenómeno se hace presente en quienes, siendo miembros del PAN, parecen no darse cuenta de estar actualizando el autoritarismo del PRI-gobierno que tanto dañó al país. Son los mismos que han hecho arreglos en secreto con quienes se suponía eran los verdaderos adversarios políticos; que tras sus oscuras negociaciones culpan a los que, por responsabilidad, han dado la cara a nombre del partido y del gobierno.

Es imperativo hacer un llamado, como hiciera don Manuel, para decir que es tiempo de alzar una bandera espiritual; de dar el santo y seña que permita el mutuo reconocimiento entre quienes quieren reafirmar los valores de la democracia que ha pregonado durante 68 años el panismo fiel a su origen. Es necesario repetir su llamado de 1926 a no gastarnos en academicismos, tampoco en ser comparsas de acciones políticas pequeñas, como las que compran voluntades y votos para elegir dirigencias a modo.

En razón de justicia y sabiendo las limitaciones frente al poder, es momento de rescatar los conceptos que inspiraron la fundación de Acción Nacional y hacer fructífero el mérito de no subordinar elevados propósitos a bienes mediocres; de retomar la causa más allá del proyecto, el compromiso colectivo más allá de la conveniencia personal, el fin remoto más allá de las metas alcanzables.

Es hora de apostar la vida en un esfuerzo serio y valiente contra los que regalan cargos a cambio de someter voluntades libres a proyectos de corto plazo, destruyendo a quienes no doblegan su dignidad a intereses preñados de regresión a lo que México no quiere volver; de emprender la marcha con la inteligencia y voluntad proyectadas más lejos de donde se pueda llegar con las propias fuerzas; de caminar con la fe que mueve montañas en la convicción de que la conciencia debe triunfar sobre la apariencia. México lo vale. Acción Nacional lo necesita. Que escuchen los aludidos.

Presidente nacional del PAN

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