El momento de encontrarse no fue fácil, tanto él como ella, nos dicen, sintieron miedo, pena y mucha expectación por saber cuál sería la reacción del otro en esos primeros segundos.
“Al inicio los dos trabajábamos en un banco, pero no nos hablábamos. Yo lo conocía sólo de vista… me caía mal”. Así comienza la historia de Nancy Schilderman y Miguel Martínez, matrimonio que hoy radica en la ciudad de Querétaro, México.
Sin embargo, Nancy, quien en ese entonces tenía 21 años, dejó el trabajo y decidió viajar a Holanda para estudiar la lengua local.
“Mi padre es holandés, pero allá me sentía muy sola”, así que platicando un día por el mensajero una amiga la contactó con Miguel, de 24 años, el mismo chavo con el que solía trabajar en México.
“Nos comenzamos a conocer, a él le gustaban las mismas cosas que a mí, salir con sus amigos, el cine, lo clásico”, así estuvieron durante casi ocho meses conociéndose únicamente a través de lo que el texto del mensjero podía mostrar, no hubo fotografías ni webcams, sólo una ocasión en la que iniciaron una conversación vía web, pero sólo eso. Se habían enamorado, aún sin haberse visto.
Nancy se confiesa tan enamorada, que dejó sus estudios en Holanda y cruzó el oceano para conocer, otra vez, a Miguel. Ya no era aquel hombre al que por alguna razón no toleraba, al que sólo ubicaba por su imagen y que ahora, una imagen era precisamente lo que faltaba para terminar de convencerse de que era él con quien compartir su vida.
El momento de encontrarse no fue fácil, tanto él como ella, nos dicen, sintieron miedo, pena y mucha expectación por saber cuál sería la reacción del otro en esos primeros segundos. Se citaron en un Sanborns, “él todavía no me ubicaba”.
“Tenía miedo sobre todo a que algo de lo que me había dicho fuera mentira, no sé, físicamente o de su forma de ser”. Sin embargo, nos cuenta, el hecho de estar enamorada fue suficiente motivo para superar sus temores. Miguel, por su parte, resultó ser la misma persona que los montones de letras habían dibujado, alguien que se preocupa por su familia, cariñoso y detallista.
Después de ocho meses de Messenger, cuatro citas en vivo y algunas visitas familiares, decidieron casarse. “!¿Estás loca?¡” repetían amigos, amigas, padre, madre y otros familares. “Cuando se enteraban cómo lo conocí era peor, no querían, pero ya que lo trataron más se convenciero (risas), sobre todo que yo tenía a penas 21 años”.
Por la iglesia y por lo civil, Miguel y Nancy se casaron. Miguel se ha integrado muy bien a la familia de Nancy y ella se ha integrado muy bien a la familia de Miguel. A ya cuatro años de conocerse, ya tienen planes para pronto tener bebés. Nancy se declara feliz, Miguel también.
Para el próximo 14 de febrero, como todos los años, la pareja que en un inicio se conoció por el mensajero instantáneo, irá a cenar y después a un concierto en la ciudad.
Cuando estamos a punto de concluir la entrevista, les preguntamos si recomendarían a nuestros lectores esta forma de conocerse por vía web. “Sí, lo recomiendo la verdad, sólo que hay que tener cuidado, no salgan con cualquier persona, que busquen una referencia, como yo y mi amiga… y pues para el miedo, no sé qué recomendarles, yo lo superé por estar enamorada”.
Así, entre risas se despiden.
