*Acuerdo que permita la selva para rato, es el único camino viable para su uso sustentable y conservación: Joaquín Zebadúa Alba
ASICH
Cualquier iniciativa de acuerdo y diálogo entre los comuneros choles, tseltales y lacandones debe partir del compromiso irreductible de no propiciar la regularización de invasiones y las indemnizaciones que le seguirían, si su objetivo es el legítimo acuerdo entre pueblos hermanos, señaló Joaquín Zebadúa Alba.
Ante la problemática que se presenta entre habitantes de la zona, específicamente por la reserva Montes Azules, el actual presidente municipal de Berriozábal, externó su opinión pública, con la calidad moral que le asiste como conocedor de la problemática, lo cual adquirió siendo servidor en la Comisión Nacional de Areas Naturales Protegida durante 11 años, de los cuales cinco como director de la dependencia federal en la región Chiapas-Oaxaca.
Dijo que (sic) sin caer en posiciones maniqueas, identifico a una fracción de los comuneros que con el argumento del acuerdo entre pueblos, ha incentivado la ocupación de la reserva de manera irregular, para pedir posteriormente su expropiación e indemnización. En los gobiernos de Fox y Calderón con esta estrategia recibieron más de 700 millones de pesos en efectivo y han buscado de manera reiterada obtener de nueva cuenta lo mismo.
Probablemente haya llegado el momento en que los Bienes Comunales se separen entre las 3 etnias. Si esto ocurre, creo que tendría que ser bajo el acuerdo que tomaron en su momento y que reconoce límites entre las posesiones de cada uno. Si se buscara ahora “actualizar” dicho acuerdo, se generaría una situación de discriminación y sub representación de la minoría que conforman los lacandones.
Recorrí la selva en varias ocasiones y me quedó claro que la figura de la Reserva de Biosfera, reconocida incluso por la UNESCO, ha permitido que se use y se mantenga este sitio tan relevante por su maravillosa biodiversidad y los servicios que nos da, tales como el agua del Río Usumacinta, nada menos.
Esta protección acarrea beneficios directos a los comuneros, como el pago por servicios ambientales. En los alrededores que no tienen esta protección, la mirada se pierde entre los potreros y parcelas sub utilizados, donde pasta el ganado y se escucha a lo lejos el rumor constante de las motosierras. Así como hace un siglo saquearon la caoba para los mercados europeos, arrasan hoy con el corazón azul para los mercados asiáticos. Así como hace un siglo unos cuantos acapararon la tierra, algunos comuneros y ejidatarios acaparan hectáreas y más hectáreas para la ganadería.
Con respeto a la autodeterminación de los pueblos indígenas y su representación, el acuerdo que permita la selva para rato, es el único camino viable para su uso sustentable y conservación. No la división “equitativa”, no más invasiones, no la mercantilización disfrazada de indemnización. ASICH
