Minifaldas

Arcadio Acevedo

1. Dedicatoria cordial
A Deysi, a Rafa por la amena velada.

2. Retomando el frasco de la charla
Dijimos ayer (¡no parpadees, galaxia, o te lo pierdes!): no sólo la densidad demográfica de una ciudad determina la conveniencia de redistribuirla en delegaciones, sino, sobre todo, su extensión territorial; La dinámica moderna de crecimiento urbano, convierte en oficinas y comercios lo que antes fueran casas habitación en los primeros cuadros citadinos, empujando a sus antiguos moradores a la periferia. Ante el congestionamiento poblacional, ambiental, vehicular, los de clase acomodada buscan su residencia en suburbios apartados. La mancha urbana, pues, se extiende;
Si las estadísticas no mienten, la población campesina se adelgaza inexorablemente hasta ahora -el precio de la modernidad-, y la urbana se dilata. Resultado: con la caudalosa e ininterrumpida afluencia de extraños a las ciudades capitales, provenientes del interior del estado y de otras entidades federativas, se diluyen las típicas afinidades colectivas, la identidad, la familiaridad. Se desmoronan o se pierden en definitiva lo que los enterados llaman “símbolos fundantes” de una sociedad. Tuxtla no es la excepción.
Verbigracia, Tuchtlán se ha quedado prácticamente sin personalidad arquitectónica a raíz de la demolición de los arcos y otros edificios que la distinguían, que eran su huella digital.

3. Como antes pero más mejor
Crear delegaciones no significa crear islas, ajenas la una a la otra. Se trata de una necesaria e inteligente redistribución política, sustentada en estudios profesionales, en el cotejo de experiencias, en la cultura de la prevención, se supone. Recuerdo al amnésico lector que no defiendo a candidato alguno sino mi opinión.
Por decirlo en lenguaje llano, se trata de retornar, en cada una de las delegaciones, al concepto de la antigua ciudad de regular tamaño, ahora con más satisfactores, donde sus habitantes comparten, necesidades, propósitos y suficiencias.
Por supuesto, los delegados tendrían que ser personas que gozaran del aval comunitario.

4. Más vale un trienio antes que un caos después
Tuxtla no es todavía una megaurbe, me dirán. No, pero al ritmo actual de crecimiento, pronto lo será. Sin remedio. El futuro conurbado (Chiapa de Corzo, Copoya, Berriozábal) está a la vuelta de la esquina, nos guste o no. Vale más prevenir.
Miguel González (Red Polític@), acucioso investigador, (el más reciente ejemplo la demoledora columna de ayer dedicada a Ángel René Estrada Arévalo), asegura que la concreción de este proyecto “elevará en un 600 por ciento el gasto corriente”… ¿De dónde se obtendrá el presupuesto para financiar las delegaciones municipales? La respuesta con una nueva interrogante simple podría ser: ¿del incremento de los impuestos a los ciudadanos?”

5. Otra una interrogueichon
¿Cuándo las obras públicas no han sido pagadas con nuestros impuestos?, pregunto a mi vez. Apenas anunciaron “AGUA PARA TODOS, TODOS LOS DÍAS”, promesa incumplida desde hace dos años, los recibos sufrieron un incremento galán. Puntualmente cobrado.
Tomando en cuenta que los tuxtlecos privilegiados reciben el líquido 10 días del mes, los jodidos muchos menos, los miserables nunca, el incremento se antoja desorbitado. En el mismo recibo, se carga a las más de cien mil tomas domiciliarias, dos pesos de aportación “voluntaria” para los bomberos. “No tardan en incluir en el recibo otra cooperacha voluntaria para la erección del Cristote de Copoya”, refunfuña la Tipacamú.
Las campañas de los candidatos las financiamos a güevo con nuestros impuestos. Los viajes de placer de los gobernadores, con sus respectivas numerosas familias e incontables amistades, los pagamos con nuestros impuestos.
El colmo: en el apogeo paulino, hasta el traslado de un maleta jugador guatemalteco en el avión del gobierno lo pagamos con nuestros impuestos.
Redistribuir (que no fragmentar) la capital es necesario (ignoro con cuánta urgencia). Y cuesta menos.

5. Preguntonta aguada
Válgame el escéptico lector el mismo ejemplo del agua para formular otra pregunta: ¿Cómo serían hoy las cosas si, desde hace 30 años, o más, cuando el pueblote conejo ya pintaba para ciudad de buen tanto, los sucesivos alcaldes y gobernadores no se hubieran resistido a iniciar la modernización de la red de drenaje y agua potable de Tuxtla? ¿A poner en su respectivo sitio a conejos y Sabinal? ¿Cuántos problemas se hubiesen evitado? ¿Cuántas vidas se habrían salvado?
Lo caro y lo barato, pues, son cuestión de perspectiva. Con frecuencia, a todos nos consta, lo barato sale más caro.
En contra de la propuesta de las delegaciones, Miguel González (Palabra libre) expone otros respetables argumentos, a los que haremos referencia en otras Minifaldas.

6. El que sabe, sabe
No creo descubrir el café con leche de barraco, si digo que los columnistas soñamos con ser leídos más allá de las fronteras de nuestra guarida. Mi vanidad es de esas. Con ese propósito, muchos años atrás, hice varios intentos por ingresar en Cuarto Poder, el diario de mayor circulación. “No -respondía siempre a mi solicitud Conrado-. Estoy completo. Ya tengo a los mejores columnistas de Chiapas”.
Yo albergaba… perdón, se oye muy gacho… tenía mis dudas. Ahora, con la inclusión de mi carnal Carlos Ernesto, pachá de Quijoterías, en la alineación cuartopoderosa, mis dudas se disiparon.
Reproduzco su EPIDRAMA de ayer, sobre la intención de incrementar las sanciones a los automovilistas bolos: La autoridad exagera / con sanciones del cocol / pues… ¿qué sanción más severa / que lo que cuesta un jaibol?

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