Minifaldas

Arcadio Acevedo

1. Dedicatoria cordial
A Marco Antonio Besares con motivo de su cumpleaños, con mi afecto y gratitud de siempre. No. Más profundos que siempre.

2. Tan pinto el malo como el coyoyayo
El de senadores y diputados contra el duopolio mediático es pleito ranchero. En la oscurana, no obstante los reflectores. Van con todo. A fondo. “Hasta que me digás papá”. Y mientras ellos se revuelcan en la alfombra intercambiando patadas y arañazos, algunas monedas caen de sus bolsillos al suelo. Y los jodidos las recogemos. Alguna sangre mana también de los rijosos de cuello blanco y negras intenciones. Y los jodidos lo celebramos. Como si el puño que los “ubica” fuese el nuestro. Es una percepción generalizada.
Otra universal percepción: ni a los inquilinos de las (re) cámaras alta y baja, ni a Luis Carlos Ugalde, titular del IFE (ya con el mecate en el pescuezo), ni mucho menos a los insaciables empresarios televisivos, los empujan democráticos afanes. La defensa de la libertad de expresión es un burdo señuelo.

3. Ilustráme Perogrullo
Por un oído escuchamos que en las elecciones del 2006, la suma del dinero gastado por los partidos, Presidencia de la República e iniciativa privada, en tiempo-aire y spots TELEVISIVOS fue de ¡4 mil 505 millones de pesos! Por el otro oído nos entra que la entidad con mayor incidencia de pobreza alimentaria es Chiapas (47% de sus habitantes).

4. Asustar con el petate del vivillo
Explicable y súbitamente transformados en luchadores sociales y representantes del pueblo, olvidándose de las penurias que les significa un mísero sueldo de 200 mil y pico mensuales, los senadores deciden recortar el dinero de las prerrogativas electorales.
Y para que el cuerpo no resienta tan duro lo que no ha de recibir más, podan también los tiempos de campaña. Ecuación matemática elemental: mientras menos burros (días), más olotes (paga).
Lo ahorrado por ese concepto, dijo Beltrones con los ojos húmedos, se aplicará en programas para ayudar a los pobres, plaga endémica en México. Aunque ellos, los sencillos y humildes hermanos senadores, deban esperar, ¡sabe dios cuántas horas!, a que un alma caritativa se apiade de sus lamentables condiciones laborales.

5. Condiciones… ¡Pa’ llorar!
Doña Lesbia murió y tuvimos los vecinos que cooperar para comprarle una caja de pino. Pena daba la viejita amortajada entre ocotes. Los senadores de seguro saben de estas cosas pues cuentan con un seguro de vida institucional (40 meses de dieta bruta).
En el rubro de pobreza de capacidades (la del que apenas tiene para comer) también somos líderes los chiapanecos (55% de la población). Al chunco de doña Eduviges se lo chupó la bruja. Peló el amasijo de huesos y mocos a la avanzada edad de 2 años, víctima de la disentería.
Los franciscanos senadores cuentan con un pichicato seguro de gastos médicos por 6 y medio millones de pesos anuales. Gratificación de fin de año (40 días de dieta), despensa, ayuda de transporte, prima quinquenal, seguro de separación, servicios especiales. Y más, y más, y más.

6. ¡Inguen su!
El seguro de los senadores, similar al ISSTECH de los jodidos, contempla atención en hospitales de primer nivel (particulares), el costo de una habitación privada con cama extra para acompañante, los honorarios por intervención quirúrgica, honorarios para las enfermeras que requiera, ayudantes e instrumental, anestesistas, sala de operaciones, trasfusiones, aplicación de plasma, sueros, gastos de urgencias, recuperación, curaciones, alimentos y cualquier tipo de medicamento que requiera el tratamiento. El seguro incluye a los 128 senadores, más 347 familiares, entre conyugues e hijos menores de 25 años.

7. ¡El hijo de su… Gordillo!
Luis Carlos Ugalde, ya con la barbilla pegada al pecho, toda vez que lo mandaron al carajo con su pretendida controversia constitucional (remedio casero y desesperado contra la defenestración, ganada a pulso por cierto), se lamenta “no por mí, sino por el daño que se inflige a las instituciones”. Te creo, uey.
En piadosa respuesta, los diputados le dicen lo que querríamos chanflarle nosotros en el patio de su cara: Insiste mucho en los derechos de los ciudadanos y en que los consejeros no están para complacer a los partidos políticos. Pero cuando se trata de gastar dinero que no es suyo, cambia. En tres días gastó en comidas y bebidas, 19 mil 663 pesos, alojado en el lujoso hotel Mandarin Oriental”.
“Antes había pasado 2 noches en el hotel Watergate de Washington y otras en el Hemsley Park Lane de Nueva York y en el Hilton del aeropuerto de Boston, lo que representó un gasto semanal de 80 mil pesos, pasajes aparte”.
“En abril de 2004, el IFE pagó 7 mil pesos por 3 días de estancia de Ugalde en el hotel Madison de Washington, incluyendo 40 dólares por tres quesadillas y 9 dólares por un guacamole, que en cualquier lugar del país no vale más de 50 pesos”.
“Habla con insistencia de respeto y vulnerabilidad. Que empiece explicando por qué el y sus cómplices se aprobaron sueldos mensuales por 234 mil 519.51 pesos. Gastos de celular por 4 mil, de alimentación por 14 mil, prima vacacional de 28 mil 187.50, prima quinquenal de 80 a 200 pesos dependiendo de la antigüedad, aguinaldo de “cuando menos” 40 días de sueldo base, dos periodos vacacionales de 10 días al año. Y, por supuesto, un bono de 404 mil pesos como recompensa del “arduo” trabajo del 2006”.
Moraleja: ¡Uta, uta y reuta maye!

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