Macario Schettino
Decidir es mucho más costoso que opinar. Por eso todos tenemos consejos y recomendaciones para los demás, que pocas veces aplicamos para nosotros mismos. Y por eso no hay decisión de un gobernante que no coseche opiniones a racimos. El ejemplo más reciente es el anuncio de la posposición del nuevo impuesto a la gasolina, dos centavos más al mes por litro, hecho por el Presidente hace unos días.
Para algunos, es un caso claro de populismo, similar a los anuncios del anterior Jefe de Gobierno. Para otros, es una actitud obsequiosa, débil incluso, frente al Congreso. Para otros más, es muestra clara de la crisis económica que tenemos enfrente. No creo que ninguna de estas aproximaciones sea útil para explicar la decisión, o más importante, la situación en que nos encontramos.
El populismo, en materia económica, consiste en ofrecer beneficios en el presente que implican grandes costos en el futuro, sin hacer transparente el financiamiento de esos costos. Cuando los beneficios se otorgan con carácter permanente, es cuando los costos se vuelven impagables. Así pueden calificarse muchas medidas del gobierno mexicano desde mediados de los 60, y algunas de las realizadas por López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno.
La medida de Calderón, sin embargo, no parece populista, en tanto que está limitada a tres meses, pero es claro que es una decisión que cuesta. Según algunos, cosa de 8 mil millones de pesos. Para saber si la decisión es correcta, lo que nos falta es saber qué se gana a cambio. Si posponer el incremento a la gasolina fuese sólo un asunto de popularidad de Calderón, sería muy grave. Pero si con esta medida se está respondiendo a presiones, entonces el asunto cambia.
Insisto en que la realidad la conocemos a través de nuestra interpretación. Es el esquema que superponemos en ella lo que la hace inteligible. Así, quienes arrastran un esquema propio del siglo XX mexicano no pueden menos que ver crisis económicas en cualquier esquina. No parecen entender la diferencia entre una inflación de 3% anual y una de 15% al mes. No parecen comprender que el precio del maíz, del trigo, del acero y del petróleo no se fija en México, ni lo hace el gobierno. O peor, no pueden entender a México sin el esquema de privilegios del siglo pasado, y ante la amenaza de su desaparición, reaccionan inventando crisis inexistentes.
Lo que estamos viviendo es un proceso de reacomodo muy profundo. No es una exageración calificar estos momentos de históricos. Y quienes detentaron privilegios en el pasado reciente perciben ya que ese tiempo se está acabando. Reaccionan tratando de reducir el poder que los daña. Así, frente a la reforma electoral surgen acusaciones de ataques a la libertad de expresión, se interpreta el esquema político como una oligarquía, se descalifica a los partidos políticos. Frente a la reforma fiscal, se acusa al gobierno de ineficiente y corrupto, se rechazan los nuevos impuestos, y se inicia una escalada de precios, más en el rumor y en la creación de opinión que en la realidad.
Los precios no están subiendo hoy más que en los últimos tres años, que son, por cierto, los de menor inflación desde inicios de los años 60. Los reportajes que utilizan a las frutas y verduras como ejemplo de inflación son erróneos, sea por ignorancia o mala fe: estos productos cambian de precio según la estación, así que siempre encontrará usted alguno muy caro, nada más por la fecha en que busque. El incremento en el maíz y el trigo responde a fenómenos internacionales, que no se han reflejado por completo en los consumidores, ni es seguro que se mantengan por mucho tiempo. El frijol subió mucho en 2003 y 2004, para bajar en los dos años siguientes, por poner un ejemplo.
Lo que estamos viendo en México es una lucha muy seria por el poder entre el régimen que se está construyendo y el que terminó hace años, pero del que siguen sobreviviendo entenados. Los empresarios que crecieron al amparo de ese Estado, los sindicatos que le deben su poder, los políticos que mantienen esa ideología, están tratando de bloquear las nuevas reglas. Quienes están construyendo este nuevo marco institucional reaccionan. Nosotros no podemos confundirnos.
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Profesor de la EGAP del ITESM-CCM
