Ciudad de México. En Volver (Reversa), la luz puede ir hacia atrás, el espacio responder a direcciones invertidas y una fiesta comenzar cuando ya terminó.
Melva Olivas (Hermosillo, 1989) llevó ese principio hasta los cuerpos de 21 bailarines de la Compañía Nacional de Danza (CND). Cuatro movimientos funcionan como recuerdos: una fiesta, encuentros, relaciones y escenas cotidianas alteran poco a poco su curso, como si por unos instantes fuera posible desandar el tiempo.
“La reversa parece como un deseo imposible. Estamos intentando regresar, reconstruir un recuerdo a partir de la repetición, de la acción hacia atrás, pero al final nos damos cuenta de que el tiempo sigue avanzando”, explicó la bailarina y coreógrafa en entrevista con La Jornada.
Su nueva creación comparte programa con Filament, de la británica Gemma Bond, y Gnawa, del español Nacho Duato, en Grafías, gala de coreógrafos contemporáneos, que concluirá este 30 de agosto en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes.
Detrás de Volver… hay una pregunta: a qué momento de la vida quisiéramos regresar. En la respuesta aparecen una conversación, un lugar o “una versión de nosotros mismos que ahora no está”. Regresar a esos instantes, muchos de ellos cotidianos, permite además hacer una pausa “en este tiempo tan acelerado”.
Durante 20 minutos, caminatas, carreras, caídas y tejidos coreográficos entre numerosos cuerpos conviven con pasajes contemplativos, íntimos y emocionales. La creadora explora la plasticidad de los intérpretes con una densidad distinta y el peso colocado más abajo, en contraste con lo habitual en la danza clásica.
El juego temporal tampoco quedó encerrado en los cuerpos. Alcanzó la luz, los objetos y la construcción del espacio. Cada integrante del equipo creativo abordó la idea desde su especialidad. Al iluminador, por ejemplo, Olivas le planteó: “¿Qué significa que la luz vaya en reversa?”
No había una sola dirección posible: podía ir de adelante hacia atrás, de adentro hacia afuera o de arriba hacia abajo. La disposición de la escenografía y los objetos respondió a esas variantes.
Junto con David Gaitán, la coreógrafa sonorense trabajó la dramaturgia y la selección de los episodios. Uno de ellos llevó el principio temporal a una situación cotidiana reconstruida desde su final.
“Ya se acabó la fiesta y desde ahí vamos a retroceder los pasos. Ha sido muy interesante cómo todos los creativos han entrado en este concepto, que puede ser muy abstracto, pero al mismo tiempo muy íntimo y muy emocional”.
Antes de incorporarse a los ensayos, realizó una pequeña residencia con bailarines contemporáneos, donde comenzó a desarrollar el lenguaje de la pieza. Llegó con una estructura que todavía consideraba un borrador.
Con intérpretes de formación clásica, el planteamiento, más que adaptarse, adquirió “otro potencial”. Frases coreográficas que ya llevaba convivieron con momentos de exploración de otras calidades. Buscó además que los bailarines encontraran “ese lado auténtico de cómo ellos se mueven naturalmente”.
El intercambio modificó la propuesta inicial: “a pesar de que ya tenía una estructura, se terminó de crear con ellos”.
Con Volver (Reversa), Melva Olivas regresa por tercera vez a colaborar con la CND. En esta ocasión asumió una obra más larga, con mayor número de intérpretes y en una gala compartida con autores de generaciones y lenguajes diferentes.
“Regresar a la Compañía Nacional de Danza esta vez me ha permitido profundizar un poquito más en mi trabajo, en mi voz, en mi exploración y en mi propuesta de danza contemporánea”.
Filament explora la precisión, extensión y proyección del movimiento. Bond ha creado para compañías como American Ballet Theatre, Atlanta Ballet y Washington Ballet. Gnawa, de Nacho Duato, estrenada por la CND en 2025, articula ritmo, tradición y contemporaneidad.
El nombre de Grafías parte de la grafología y de rasgos de la escritura como tamaño, inclinación, presión y ritmo del trazo. El programa traslada esas nociones al escenario y reúne tres maneras de entender y construir la danza.
Sobre compartir cartel con Bond y Duato, Olivas consideró que su trabajo entra “en una conversación más amplia sobre las distintas maneras de entender la danza y la creación coreográfica”. La selección permite además apreciar la versatilidad de los bailarines al transitar del neoclásico al contemporáneo.
Al final permanece aquello que ninguna reversa consigue alterar: el tiempo avanza. La reflexión, sin embargo, se aleja de una mirada puramente nostálgica: “no tanto desde la añoranza, sino también desde el gozo de reconocer que esos tiempos felices siempre están con nosotros, aunque ya hayan pasado”.
Grafías, gala de coreógrafos contemporáneos ofrecerá su última función este domingo, a las 17 horas, en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes. Los boletos se adquieren en las taquillas del recinto y mediante Ticketmaster.
Con información de LA JORNADA
