Los jóvenes y el bachillerato

Roger Díaz de Cossío

Somos una sociedad de jóvenes que no les ofrece nada a los jóvenes. Me refiero a los que habiendo cumplido 15 años tienen que trabajar o ingresar a alguna escuela, preparatoria o bachillerato de artes y oficios. Primero, no hay suficientes escuelas para todos, atendemos como a la mitad de la población en edades 15 a 18. Y de las escuelas que hay, desertará o, más coloquialmente, “destripará” como la mitad. O sea que, en total, dejamos en el limbo (que ya no existe) a tres cuartas partes de los jóvenes, por lo menos tres de cada cuatro.
¿Qué pueden hacer los jóvenes? ¿Qué les ofrecemos como sociedad? Nada. Ignoramos a los adolescentes; son muy escandalosos. Nuestro limbo social sí existe para ellos. Pueden ser franeleros, cerillos, ayudantes en tiendas de abarrotes y tianguis, lavacoches y limpiaparabrisas. También les queda como opción empezar a trabajar en las mafias criminales de secuestradores, vendedores de droga o robacoches, como aprendices y avisadores. En este caso pasan del limbo al infierno, que sí existe.

Pocos problemas sociales son más graves que éste. Cuando estos jóvenes sean adultos dentro de 10 años, no tendremos gente preparada para desempeñar labores de importancia. Tres de cada cuatro adultos estarán resentidos. Y el país se irá haciendo cada vez menos competitivo y sin futuro, porque ahora lo estamos segando.

Debe hacerse conciencia sobre este problema e iniciar acciones como las siguientes: a) ampliar lo más posible la capacidad de ofrecer bachilleratos, pero mucho más flexibles y agradables para los jóvenes, algunos orientados al trabajo y otros hacia la educación superior; y b) lograr, con acciones concretas en las escuelas y con los padres de familia, que los alumnos no deserten. Algunas de estas acciones se están contemplando por la actual administración educativa pero, creo yo, de un modo todavía muy modesto, con un pequeño aumento en cobertura y un deseo de flexibilización. Este es el gran problema social del país que se debe enfrentar con grandes soluciones imaginativas.

Debe abandonarse el concepto enciclopedista del bachillerato, que traemos desde Gabino Barreda en el siglo XIX; ya no tenemos aquellos bachilleres de traje oscuro y de corbata que en cantidades minúsculas asistía a clase en 1867. Ahora los jóvenes tienen cine, música, computadoras, televisión, quieren estudiar cosas que reflejen sus intereses. Por ejemplo, entre muchas otras cosas, debe permitírseles trabajar y estudiar con cargas reducidas. Así disminuiría mucho la deserción. Conviene que haya muchos bachilleratos diversos pero debe lograrse el pase fácil de una escuela a otra mediante un sistema de créditos y equivalencias, aceptado nacionalmente, que sea reconocido por todos.

Es necesario un enfoque integral que abarque no sólo los aspectos escolares formales. Deben crearse grandes organizaciones municipales que tengan como responsabilidad la atención de todos los jóvenes de 15 a 18 años con abundantes programas deportivos, culturales, de capacitación, de artes y oficios. La meta debe ser que 100% de los jóvenes estén ocupados, usando toda su energía 10 o 12 horas diarias, haciendo deporte, teatro, aprendiendo oficios, o yendo a la escuela con clases y tareas. Estoy seguro que si se logra hacer esto, disminuirían los gastos en seguridad y policía.

Durante la administración de Díaz Ordaz se eliminaron de la Ley del Trabajo, a propuesta de Fidel Velázquez, las cláusulas que permitían a los patrones contratar aprendices durante un tiempo, sin tener que darles todas las prestaciones. Esto era magnífico porque un patrón podía contratar, digamos, 10 aprendices, sin obligación de tenerlos para siempre. Al cabo de un año, se quedaba con los dos mejores, pero todos habían aprendido. Esta oportunidad se cerró, porque dijeron que se estaba explotando a los jóvenes. Ojalá se reponga en la Ley Federal del Trabajo esta posibilidad, con los debidos controles.

Dentro de todos los rezagos que tiene el país, enfrentar éste, el de los jóvenes, tiene la más grande prioridad, por las consecuencias que tendrá si no lo resolvemos. Nuestro futuro está montado en ello. No sólo el gobierno federal, los de los estados y municipios, y fundaciones particulares como la que acaba de formarse, Mexicanos Primero, deberían ocuparse del tema con pasión, inteligencia y voluntad política.

rogerdc@prodigy.net.mx

Presidente de la Fundación Solidaridad Mexicano-Americana

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