Lástima de viaje

Jorge Montaño

Después de 10 meses de realizar un trabajo diplo-mático silencioso, dirigido a recomponer la posición internacional de México debilitada por una inédita acumulación de errores que condujeron a una confrontación con países cercanos, súbitamente se interrumpió esta tarea reconstructiva. Cuando la reparación de daños en América Latina empieza a dar resultados, se vuelven a abrir espacios de esperanza con Europa, se consolida el diálogo con las ocho economías más avanzadas y se reabre una relación intensa con India, surge el innecesario enfrenón, cancelando una visita diversificada a Estados Unidos.
Negociar un periplo como el que borró un inocuo boletín de prensa crea expectativas que al incumplirse generan resentimientos e interpretaciones malsanas, en especial cuando los motivos aducidos no se sostienen frente a los objetivos del viaje. El simplismo de alegar compromisos presidenciales con los damnificados de inundaciones no rescata el desdén para algunos, la descortesía a otros, y lo peor, el desconcierto con los destinatarios más relegados que son las comunidades de mexicanos, suficientemente maltratadas por los desaires arrogantes del Capitolio.

El presidente Calderón tenía una agenda en Naciones Unidas, que sería el detonador del activismo multilateral que se propone realizar. La candidatura al Consejo de Seguridad en 2009, liderazgo en cambio climático, reuniones con diferentes mandatarios convocados por el inicio de la Asamblea General, presencia en momentos críticos de la organización, asediada por un secretario general dúctil a la unilateralidad. Lo que se pudo lograr no se pospone, sino se pierde. Los calendarios internacionales no responden a las conveniencias de los gobiernos, salvo cuando éstos son muy poderosos.

El otro saldo que se carga al rubro de daños mayores es la desatención con los mexicanos en el exterior. La suspendida visita a Chicago simbólicamente era una forma de expresar solidaridad sin estridencias y tenía el mérito de la oportunidad, cuando la embestida de las autoridades locales se ha agudizado, principalmente contra los inmigrantes mexicanos. El vacío del Congreso federal se ha colmado con una frenética actividad legislativa a base de ordenanzas para satisfacer a los sectores más conservadores, que precisamente a este nivel son especialmente poderosos. El propósito obvio de esta reciente andanada es hacerles la vida lo más difícil posible a fin de que regresen a su lugar de origen, lógica sajona que desconoce la tenacidad latina. “Ilegal quiere decir ilegal”, reza un eslogan de la intransigencia, sintetizando con claridad la profundidad de la fisura que está apareciendo en la sociedad estadounidense.

Por experiencia histórica conocemos los límites a la actuación de gobiernos extranjeros en situaciones semejantes. El reclamo legítimo de que se actúa dentro del marco soberano no se mitiga con diatribas o lenguaje de denuncia encendida que sólo favorece a los detractores de las mejores causas. En 1994, nuestro gobierno intentó intervenir activamente en el combate a la racista propuesta 187 del gobernador de California y de inmediato las organizaciones hispanas se opusieron e incluso cuatro líderes laureados con el Águila Azteca, máxima condecoración mexicana, amenazaron con devolverlas si no se detenía la dañina injerencia.

El reciente debate promovido en Miami por una televisora, que conjuntó a la mayoría de los aspirantes demócratas a la Presidencia, dio cuenta de la confusión y timidez que campea sobre la forma en que puede resolverse el tema migratorio. El fracaso en el Capitolio reveló la entraña dominante de quienes se oponen a cualquier fórmula que no suponga más medidas represivas o disuasivas por el camino de hacer la cotidianeidad imposible. Lo que es inaceptable, además de acciones contraproducentes, es adoptar políticas de inacción.

Se cuenta con una red de consulados, única en el mundo, que debe accionarse de inmediato, convirtiéndose en auxiliares de los connacionales y promotores activos frente a autoridades, medios locales, aliados potenciales. Actuaron con eficacia ejemplar durante la negociación y aprobación del TLCAN. Deben hacerlo ahora. El Congreso y el gobierno deben proveerlos de los instrumentos necesarios para fortalecer su menguada capacidad de actuación, siguiendo un mapa de navegación sensato, acorde con lo que reclaman las comunidades, seguramente muy diferente a lo que imaginamos en el Distrito Federal. Esta parte del itinerario cancelado debe reponerse de inmediato, pero llevando el remedio y el trapito que sea aceptable proveer.

montesco98@yahoo.com

Vicepresidente del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales

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