La UNAM y el cambio

Gabriel Székely

Universidad Nacional, un título en sí ambicioso, es a la vez símbolo de importantes etapas del desarrollo que ha vivido la sociedad mexicana. Es el mérito de Juan Ramón de la Fuente haberle dado a la UNAM un lustre significativo durante este periodo de transición democrática que vive el país, y nada mejor para mostrarlo que el proceso de sucesión sin precedente para dirigirla.
Si las cosas marchan como se anuncia, esa institución hará una importante contribución a la cultura política del país y en especial a los jóvenes, con los que muchos compartimos el honor de haber recibido ahí nuestra educación universitaria. La presentación de ideas por los candidatos que se han promovido libremente, y un proceso ordenado para elegir al nuevo rector, no han sido a últimas fechas la tradición sino la excepción. En el régimen de partido único, el “voto” del Presidente de la República era condición necesaria para la elección.

Yo recuerdo como estudiante a la Universidad de hace 35 años, dirigida por un demócrata como fue Pablo González Casanova, y quien sin embargo enfrentó retos difíciles de remontar que para muchos fueron vientos de cambio incipientes que entonces se manifestaban de manera confusa. Hoy, la Junta de Gobierno, que convoca a la consulta guardando para sí la decisión final, goza de prestigio y de amplia legitimidad para conducir un proceso que no incluye la votación directa, sino el juicio de a quienes se les ha confiado velar por los intereses de la institución.

El empeño de De la Fuente por lanzar a la UNAM a nuevos proyectos científicos y culturales que le han ganado el reconocimiento internacional; la habilidad de su equipo para procesar demandas de los universitarios que antes derivaban en conflictos; el posicionamiento para opinar de temas de interés nacional con un enfoque constructivo; el impulso al deporte y sus equipos; son estos algunos logros que marcan el recuerdo de su paso por la Rectoría y nos dejan “mejores prácticas” para medir a quienes vengan en el futuro a dirigirla.

Los candidatos provienen de diversas disciplinas, como son la medicina, ingeniería, ciencias políticas, derecho y de la propia administración que concluye. Tendrán la oportunidad de ofrecer programas de trabajo concretos, que serán escudriñados en detalle y con gran atención por una comunidad que ha luchado por sacudirse el estigma de los años conflictivos de la universidad pública. Sin duda, eso fue aprovechado por las universidades privadas para promover a sus graduados en los puestos de la política y de la empresa.

Quizá se den las condiciones para que el nuevo rector pueda plantear a la comunidad temas difíciles que están pendientes, como es el pago de colegiaturas de acuerdo con la capacidad económica de los estudiantes; el mejoramiento de fondo de los programas de estudio en todos los niveles; los programas de investigación ligados de manera más eficaz con las necesidades de la administración pública y de las empresas mexicanas; y otros más.

Por otro lado, será interesante conocer si alguno de los candidatos plantea un programa de prioridades para el país en temas científicos y de otra índole, a los que la Universidad Nacional esté dispuesta a atender primordialmente ¿Qué piensan los líderes de diversas disciplinas que puede aportar la Universidad Nacional en estos años de construcción de una sociedad más abierta y participativa? ¿Cuáles son los obstáculos para alcanzar las nuevas metas y cómo superarlos? ¿Cuál es la sana distancia entre la ciencia y las aplicaciones de sus investigaciones a la vida diaria? ¿Cómo ofrecer a los jóvenes formados con una educación liberal oportunidades laborales en el mundo de la especialización a ultranza?

Este es el debate que deseamos los universitarios, así como que tenga un impacto sobre la demanda de los ciudadanos de una discusión de similar altura de los temas de interés público para el país.

Coordinador de asesores del secretario de Turismo

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