La trampa del crecimiento

Rogelio Ramírez de la O

En mi última contribución argumenté que la desaceleración de las exportaciones hace imposible que la economía crezca más de 3% sin generar un alto déficit externo. Los llamados a “crecer con el mercado interno”, en programas como construcción de vivienda y otras obras públicas, en las actuales condiciones no serían sostenibles.
Varios lectores justificadamente respondieron que la construcción de vivienda e infraestructura son dos postulados del programa económico de Andrés Manuel López Obrador. También, con su acostumbrada lucidez, el licenciado Porfirio Muñoz Ledo me comentó que una afirmación tan tajante no hace justicia al potencial de la economía.

Esto da oportunidad para discutir por qué hoy no podemos crecer más y de ahí la necesidad de un proyecto alterno. La clave está en romper la actual trampa de crecimiento.

Esta trampa tiene su origen en los cambios que tuvo la economía en las últimas tres décadas, resultantes en una estructura productiva que requiere muchas importaciones para producir cualquier cosa. Por lo tanto, si la demanda interna crece cuando las exportaciones no crecen, habrá un creciente déficit externo.

De ahí el paradigma de que si Estados Unidos se desacelera México también. Hoy la política pública es exportar lo más posible para así poder comprar más importaciones y sustentar mayor crecimiento de la demanda interna. Si EU se desacelera, la política es esperar a que pronto se recupere.

Esta política no incluye tratar de ver cómo incorporamos mayor valor a lo que producimos. No se trata de sugerir la sustitución de importaciones con el modelo antiguo de los 50 y 60, a base de protección e ineficiencia, sino de alinear los incentivos y las condiciones para que la industria profundice sus procesos. Se trata de no tener una política pasiva.

Entre 1993 y 2006 las exportaciones se quintuplicaron en valor. Sin embargo, el PIB del sector manufacturero, el más beneficiado por el TLCAN, apenas creció 3% por año. El PIB total creció 2.9%, de manera que otros sectores tampoco hicieron una gran diferencia. El empleo de las manufacturas, el mismo que Ross Perot pronosticaba que iba a crecer tanto que absorberíamos los empleos de los estadounidenses, cayó -1.6% por año. Y el salario promedio creció sólo 0.5%.

Sin embargo, el razonamiento de Ross Perot era correcto: lo lógico para un país como el nuestro es que aproveche el acceso al mercado estadounidense de manufacturas y aumente su empleo. La explicación de por qué no sucedió está en la trampa de crecimiento y la explicación de esta última es la pasividad de la política pública y el poner ojos ciegos a incentivos perversos.

México es una economía demasiado grande como para haber abierto 40% del PIB al comercio externo sin antes asegurar que las políticas públicas y los incentivos estuvieran en su lugar. Primero, para evitar daños irreversibles en sectores que si no pueden competir generarían graves problemas de desempleo. En segundo lugar, para aprovechar sinergias en la industria que permitan agregar valor al comercio exterior y multiplicar el empleo.

Si esto no se puede lograr por cualquier razón, entonces la apertura debe ser mucho más selectiva. EU, por ejemplo, que tiene el consumo más globalizado del mundo, apenas ha abierto 16% de su PIB.

Al no cumplirse con los dos objetivos, la apertura es caótica e ineficiente, aunque a muchas empresas les vaya muy bien. Habrá sectores en la agricultura, la ganadería y la industria que gradualmente pierdan dinamismo y expulsen trabajadores. Y en su lugar el país importará más productos.

Las cifras de arriba muestran que las exportaciones crecientes no contienen mayor valor agregado, lo que se debe a la falta de sinergia entre exportaciones y potenciales proveedores domésticos. Por ello a nivel macro sólo estamos moviendo más mercancías entre un país y otro, pero no profundizando el proceso de producción ni incidiendo en la composición del producto.

Un proyecto alternativo sustentable debe plantear un cambio estructural conducente a aumentar valor agregado local. En el caso de AMLO, su planteamiento fue con mayor inversión en energía, infraestructura y el campo. En los tres casos las inversiones y su producción futura contribuirían directa e indirectamente a mejorar la contribución neta del comercio exterior y la especialización.

La infraestructura de transporte actual representa costos excesivos para empresas, más que nada por ser deficiente e insuficiente. Ampliar la red carretera, ferroviaria y de aeropuertos es impostergable. Sin ella los costos de transporte de mercancías y personas se mantendrán altos. Las empresas no podrán tener en México procesos de alto valor por la falta de transporte moderno.

En energía, cada vez importamos más gasolina, gas y productos petroquímicos por falta de capacidad de refinación. Habiendo petróleo crudo, lo lógico es que debe haber más refinación. No se trata de producir por producir, sino de garantizar a empresas petroquímicas que ya están en México y que no se pueden ampliar que habrá suficiente materia prima. El incentivo perverso de precios altos de energéticos debe corregirse. De lo contrario, las empresas no van a planear inversiones a largo plazo.

En el campo la falta de inversión y programas públicos nos obliga a importar cada vez más productos a precios que aumentan muy rápidamente en el mercado internacional. Un incentivo perverso es tener libre comercio con un país que subsidia fuertemente a sus productores y que desde el TLCAN ha aumentado el subsidio.

La vivienda puede ser un detonador de crecimiento, pero acompañado de cambios en energía, infraestructura y campo. Si no, la sola construcción ampliará el déficit externo. Y para eliminar incentivos perversos, el precio del cemento debería ser igual al de EU.

Sin cambio estructural México no puede crecer con base en el mercado interno a tasas mayores a 3% sin un creciente déficit externo. Como ejemplo, la balanza comercial del primer trimestre tuvo un deterioro de 3 mil 400 millones de dólares sobre el mismo periodo del año anterior. Casi dos tercios obedecieron a comercio no petrolero, y eso cuando la demanda interna se está desacelerando.

rograo@gmail.com

Analista económico

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