Ana María Salazar
Hace unos meses entrevisté para mi programa de televisión Seguridad Total a José Nemesio Lugo Félix, el funcionario de la Procuraduría asesinado esta semana por sicarios en Coyoacán. De él me impresionaron el profundo conocimiento que tenía de las redes de traficantes de personas que afligen a este país, así como su compromiso con las víctimas de tales criminales. Nemesio, al igual que miles de funcionarios dedicados a la procuración de justicia en México, ejercía su trabajo enfrentando el peligro inherente de su profesión.
El asesinato de Nemesio Lugo, quien era considerado como uno de los principales estrategas de la Procuraduría, se suma a la enorme lista de ejecuciones ligadas al crimen organizado que ya han superado el millar en los cinco meses y medio que van del año. Comparativamente, en el 2006 se superó el millar de ejecutados en julio, mientras que en el 2005 el millar llegó en septiembre. Si comparamos estos tres años puede verse una clara, preocupante y terrible tendencia ascendente de la violencia.
A menos que suceda algo contundente me temo que el asesinato de Nemesio será tratado igual que todas las ejecuciones de este año de más de 120 efectivos de las policías federales, estatales y municipales, incluidos varios jefes y comandantes, además de 14 militares, entre ellos un coronel de infantería, así como de tres integrantes de la Armada de México. En otras palabras, si no sucede nada impactante, a estos asesinatos no se les dará la prioridad que merecen para asegurar que los asesinos materiales e intelectuales sean juzgados y castigados.
El gobierno y la sociedad civil parecen no entender aún que hasta que se detengan las ejecuciones de procuradores de justicia en este país, la violencia por parte de las mafias y las organizaciones del crimen organizado continuará, probablemente incrementará. El escalamiento de las ejecuciones de funcionarios públicos es un indicio claro de que las organizaciones criminales no temen a las autoridades.
La estrategia que el gobierno calderonista inició con esta ofensiva contra el narco parece que sólo alborotó el gallinero. Y, permítanme reiterar: estos asesinatos confirman cómo ha escalado el crimen en México y, lo peor, ponen en evidencia que los grupos del crimen organizado no temen a las autoridades ni a sus operativos. Precisamente parte del problema de la estrategia actual para combatir al crimen y establecer la seguridad es que no se han concentrado en enviar mensajes reales y claros a estos grupos. Y es que mientras estos grupos sigan sin temor a las autoridades, ni a las consecuencia de sus actos, nada va a cambiar.
En Europa y en EU son relativamente pocos los policías, fiscales y jueces amenazados o asesinados. Simple y llanamente porque los grupos del crimen organizado no se atreverían a asesinar a un funcionario estatal o federal, ya que saben que el Estado invertiría todos los recursos necesarios para aclarar quiénes fueron los asesinos, así como para asegurar que acaben en la cárcel, inclusive persiguiéndolos por décadas si es necesario. En estos países se entendió desde hace mucho tiempo que una vez que los criminales pierden el temor a las autoridades, la batalla está perdida. Esto explica la razón por la que funcionarios estadounidenses, como el procurador y el secretario de Seguridad Interior, así como el embajador Tony Garza, expresaron públicamente sus condolencias por la muerte de Nemesio. Me ha sorprendido la falta de expresión de condolencias públicas por parte de las autoridades y de los líderes empresariales y sociales ante el asesinato de Nemesio y de cientos de policías y funcionarios.
Resolver los asesinatos de los funcionarios públicos tiene que ser una prioridad y no los es. ¿Cuántos avisos de recompensas hemos visto para quien dé información que lleve a la captura de estos asesinos de policías? ¿A cuántos sospechosos hemos visto en los listados de los más buscados? ¿Cuántas unidades especiales se han creado para dar seguimiento a los crímenes contra funcionarios, policías y militares? ¿En cuánto se han incrementado los recursos disponibles para perseguir a estos delincuentes? ¿Cuántos funcionarios más tendrán que morir y hasta qué nivel antes de que se entienda que parar la masacre y tortura de procuradores de justicia en México tiene que ser la prioridad?
salazaropina@aol.com
Analista política
