La tragedia nacional

Macario Schettino

Sufridos como somos, encontra-mos en casi cualquier asunto una excusa para lamentarnos de nuestra triste suerte, del mal gobierno, del abuso imperialista, para sentirnos miserables. Así, hablamos con ligereza de la tragedia del campo mexicano, del desastre productivo, del drama del empleo, y con tanta fatalidad, no hay ni para qué preocuparse, porque todo está mal.
No es así, sin duda. Hay cosas que están mucho peor que otras, y hay algunas que son más importantes que el resto. Y es sólo cuando algo verdaderamente importante está en muy malas condiciones cuando vale la pena hablar de tragedia. Y la tragedia nacional no es el campo, ni la producción, ni el empleo. La verdadera tragedia ocurre con la gente, y específicamente con los niños y los jóvenes. La verdadera tragedia nacional es la educación.

Usted sabe ya que cuando por fin tuvimos evaluaciones internacionales descubrimos que nuestro sistema educativo no era malo, sino pésimo. Supimos hace tres años que dos terceras partes de nuestros jóvenes eran incapaces de hacer algo más que seguir instrucciones simples. Pero no parece que hayamos entendido lo que esto significa. Los resultados del examen a que me refiero implican que dos de cada tres jóvenes mexicanos no podrán, jamás, tener un ingreso digno, porque nadie paga bien por seguir instrucciones simples. Si esto es cierto desde siempre, lo es más ahora, que la generación de valor depende más que antes del conocimiento.

Y es éste el origen de la pobreza y la pésima distribución del ingreso. Y si esto nos parece indeseable, no sé cómo podemos seguir soportando un sistema educativo que reproduce la miseria. Y no me refiero únicamente a la miseria material, sino sobre todo a la intelectual. No es sólo que los jóvenes sean incapaces de leer y sumar, sino que son incapaces de pensar, que no otra cosa significa esa incapacidad de hacer algo más que seguir simples instrucciones. No pueden deducir información para resolver problemas elementales, es decir, no piensan.

Y si esta afirmación le parece desagradable, me da gusto. Porque a todos estos jóvenes les estamos destrozando la vida con nuestra incapacidad de corregir un problema que está muy claramente planteado. Estamos convirtiendo a seres humanos con gran potencial en simples seguidores de instrucciones, incapaces de construir pensamiento propio. No es un problema de nacimiento, sino de construcción social. Y esa sociedad, lector, es la suya y la mía, no otra.

La reciente prueba ENLACE encuentra 13 mil profesores con “debilidades” y “vulnerabilidad”, según nota de Nurit Martínez en estas páginas, el jueves pasado. Pero, haga cuentas, eso significa que estos 13 mil irresponsables están dañando a más de 400 mil niños cada año. Mantener a esos 13 mil criminales en las aulas implica destruir la vida de esos 400 mil niños. Es inaceptable.

Pero es que estos maestros aprenden cualquier cosa, menos cómo enseñar a los niños. Lo refiero a otra nota aparecida en EL UNIVERSAL, el 22 de agosto, que con base en un reportaje del diario Noticias de Oaxaca describe cómo las estudiantes de la normal de Tamazulapan, en Oaxaca, deben “someterse a un arduo curso de socialismo”, que incluye tácticas propias de la guerrilla urbana. No debe sonarle a sorpresa, después de ver cómo actúan los profesores de esa entidad, o para el caso, también los de Guerrero o Michoacán, que es la peor entidad del país en materia educativa, y en donde los profesores han logrado impedir, en varias ocasiones, la aplicación de estas pruebas de desempeño.

Ahora incluso se ha modificado la presentación de los resultados para que no se pueda comparar lo que pasa en una escuela rural y una urbana, garantizando a quien nace en el campo una vida de miseria. Pero, claro, es que no puede compararse con quien nació en la ciudad. Y esto lo hacen los profesores, socialistas y revolucionarios.

Frente a esta tragedia, el expediente fácil es arrojar todas las culpas a Elba Esther Gordillo. ¿Es que los profesores antes eran distintos? ¿Es que alguno de los más de cincuenta líderes seccionales del SNTE es diferente? ¿O acaso la CNTE, la de Oaxaca y Michoacán, es preferible? Una vez más, el problema supera a las personas. Es un crimen social, y usted también es responsable.

macario@macarios.com.mx

Profesor de la EGAP del ITESM-CCM

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