La piedra con chichi

LEYENDA

Alberto Vargas Domínguez

La leyenda de la piedra con chichi relata la rivalidad entre dos brujos, hermanos de raza; dispuestos a resolver sus diferencias en el Río Grande de Chiapa o “Nandiumé”. Esta leyenda fue muy conocida por nuestros abuelos. Hoy, los que la recuerdan, lo cuentan a su modo y manera, por eso es que existen diferentes versiones. Esta es la que hemos rescatado en La Casa-Museo “Ángel Albino Corzo”, de Chiapa de Corzo, en una de las pláticas sabatinas, con la participación del C. Ing. Mario Aguilar Penagos. La versión rescatada por él tiene como fuente original al señor Adelaido Fernández. Esta misma versión ha sido recreada y actualizada por un servidor de ustedes.
Se cuenta que hace muchísimos años, un rico y respetable comerciante de Chiapa, de la noche a la mañana cayó enfermo de gravedad sin motivo aparente: todo lo que comía y bebía, pasaba de largo (como chiflón) o lo vomitaba. En 15 días estaba al borde de la muerte, pues las medicinas que le dieron no surtieron ningún efecto.
Los familiares, desesperados por la situación, le pidieron al enfermo que diera su consentimiento para ir en busca de un brujo que lo atendiera. El enfermo aceptó con algo de desconfianza. Los dolientes sin pensarlo dos veces fueron en busca del brujo más competente de Chiapa. El curandero escogido, antes de hacerse cargo del enfermo, platicó extensamente con los familiares; al terminar, le tomó el pulso al paciente para asegurarse del origen del mal; después hizo una impresionante ceremonia con velas rojas y negras, albahaca, incienso, gallina negra, tabaco y trago. Terminada la “limpia“, le aseguró que en una semana estaría completamente curado… Y así sucedió.
Recuperado del todo, el comerciante dio las gracias al curandero y le ofreció una buena retribución por sus servicios; pero el brujo no aceptó paga alguna:”Los dones del cielo -le dijo- son para todos y no se pagan con dinero ni con cosas terrenales”. El comerciante, por su parte, aprovechó la generosidad y la honestidad del brujo, y le preguntó por la causa de la enfermedad que lo había postrado:” Fue un daño puesto por un brujo de Acala -comenzó diciéndole-, pagado por una persona que finge ser amigo de muchísima confianza de usted, pero que en realidad le tiene mucha envidia por su riqueza. El curandero cuidó de no decir el nombre del envidioso; pero sí le dijo el nombre del brujo. Y le pidió que tuviera mucho cuidado con lo que decía y también con lo que hacía.
A pesar de lo dicho, en todo el territorio de los Chiapa, la noticia del mal y de la curación del comerciante corrió como reguero de pólvora. El nombre del brujo de Acala estaba en boca de todos; y todos decían que era un brujo chambón del que había que tener mucha desconfianza, por que usaba sus poderes para hacer el mal. En cambio el nombre del brujo de Chiapa lo decían con respeto y admiración. Todo esto incomodó al de Acala. Comenzó por insultar públicamente al de Chiapa. Soltó la amenaza de vengarse de aquel a como diera lugar. Cegado por el rencor mandó un propio para desafiarlo, fijando día, lugar y hora para el encuentro; advirtiéndole de paso, que solamente usarían sus mañas de brujo en la pelea, hasta que uno de los dos fuera el vencedor. Ese triunfador sería reconocido, como el más chingón de todos los curanderos de ese territorio.
La cita fue en el “paso de la yeguada”, de Mateniyá; frente al lugar donde el río de Santo Domingo desemboca en el Río Grande; el sábado a las 12 del día. Mientras llegaba el plazo, los dos optaron por visitar montes, cuevas, cerros y cañadas, con la finalidad de invocar a sus nahuales, purificarse y llegar con todas sus energías al encuentro.
Se cumplió el plazo. Llegó la hora. El de Chiapa, muy arisco decidió ponerse alerta, vigilando el río en espera del zarpazo del enemigo. Con más colmillo, el de Acala decidió llegar transformado en un gran bagre, para impresionar al de Chiapa, meterle miedo y hacerlo correr. El de Chiapa, al ver el gigantesco bagre, de inmediato se transformó en una gran culebra de río. Sin dar tiempo, el de Acala se transformó en lagarto… Y así se fue dando la pelea de poder a poder entre animales.
La lucha era a muerte, por eso cuando el de Acala se transformaba en un animal para atacar, el otro respondía con un animal más poderoso, para defenderse y atemorizar al contrario. Bajo estas condiciones se dio la lucha por varios días.
Obligados por el cansancio, la fatiga y el hambre, los dos rivales acordaron descansar. Necesitaban regresar a la casa, reponer fuerzas, afinar trampas y mañas y; luego, reanudar la lucha con más bríos. Fijaron nueva fecha para el enfrentamiento: sería el viernes, a las 12 del día, en el mismo lugar.
En esta ocasión el de Acala se apropió del río. Se transformó en una gran piedra y se ancló a media corriente. La piedra tenía la forma de un torso de hombre, con sus chichis bien formadas: el de Acala había decidido descarnarse y transformarse en piedra, para que la corriente del río grande lo llevara hasta el Sumidero y lo “taponeara“. Así lograría inundar al pueblo de Chiapa y mataría a toda la gente; entre ellas, a su odiado rival. Una vez muertos todos, regresaría tranquilamente por sus carnes para recobrar su condición humana.
El de Chiapa, al ver la piedra con chichi a medio río, dedujo que era su enemigo y que se había descarnado. Con el poder de su pensamiento y de sus artes supo que las carnes las había dejado en una tinaja, escondida en una cueva. De inmediato pidió ayuda a uno de sus familiares, mandándolo a buscar sal, y dándole la orden de ir inmediatamente a Acala para cubrir de sal las carnes de su enemigo. Aquel fue y ejecutó la orden. Con esta maniobra -pensó el de Chiapa- su rival nunca recobraría su forma humana y quedaría vencido de por vida.
Desde ese momento, el alma del brujo de Acala comenzó a penar. Sus lamentos cubrían las noches de toda la comarca; y en el día, se confundían con el rumor del río al arremolinarse y chocar con la piedra encantada. Clamaba por regresar a su pueblo y recobrar su humanidad. Se cuenta que a ello se debía que la piedra con chichi se le viera caminar, a contra corriente, haciendo esfuerzos por avanzar rumbo a Acala sin lograrlo.
Han pasado cientos, o quizás— miles de años de este enfrentamiento. En apariencia el brujo de Acala perdió, pero esto es parte de la estrategia del de Acala para lograr el triunfo final, sin importarle el tiempo, el medio y la forma como lo logre.
Don Pablo Beustellespacher y Chente Nanga, con el transitar de sus lanchas y canoas, sepultaron en el fondo del río a la piedra con chichi: ella desapareció de la vista de los mortales. Pero en el abismo del fondo, el brujo de Acala sigue luchando. Con su gran poder logró transformarse: su estructura de piedra lo cambió en acero, cemento y grava; al río le quitó su potencia, lo contaminó, le robó su riqueza y lo puso al servicio del gobierno para su explotación. Así logró transformarse en Presa Hidroeléctrica. El hombre se encargó de construir otra, para que las dos fueran colocadas en lados opuestos del río, dejando a Chiapa y sus vecindades a medio charco: son las Presas de la Angostura y Chicoasen que tapan la entrada y salida del río grande. Ahora es cuestión de tiempo -piensa el brujo de Acala- para que la venganza se cumpla.
Al parecer el desenlace será en poco tiempo; justamente cuando ambas presas, o una de ellas… ¡cualquiera!, cumpla su vida útil. Esta vida útil está entre 50 y 100 años de servicio: ya llevan poco más de 30. Cuando llegue ese día, las presas tronarán. Chiapa y su río grande quedará totalmente destruido. El brujo de Chiapa tronará como cucaracha. Los pueblos de la étnia de los Chiapa, totiques y zoques, serán arrasados por el agua o envenenados por la grave contaminación del propio río. En ese mismo instante el brujo de Acala dejará de penar, lanzará un grito de triunfo sobre su enemigo mortal y desaparecerá para siempre, sin darle tiempo a recoger sus carnes: así habremos perecido y desaparecido… ¡todos!
¡Y bien! … Como potenciales víctimas que somos ¿Qué nos queda por hacer? ¿Cómo lograr la reconciliación de nuestros brujos para anular la venganza y la maldición? ¿Qué hacer para conservar al padre río y a la diosa del agua: Nandadá como fuente indispensable de vida? ¿Cómo hacerle para sobrevivir?
Indudablemente, la leyenda de “la piedra con chichi” es la versión indígena, de la actual realidad neoliberal chiapaneca. ASICh

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