-El verdadero desarrollo no comienza cuando llega una gran empresa. Comienza cuando una sociedad decide derribar las barreras que impiden crecer a su propia gente.
Marco Tulio Carrascosa.
Chiapas posee prácticamente todo lo que muchos estados y países quisieran tener. Una ubicación estratégica entre México y Centroamérica, abundancia de recursos naturales, riqueza cultural, biodiversidad, potencial turístico, capacidad agroindustrial y una población joven con deseos de salir adelante. Sin embargo, la pregunta sigue siendo la misma desde hace décadas: ¿por qué seguimos ocupando los últimos lugares en desarrollo?
La respuesta no se encuentra únicamente en la economía. También está en nuestra cultura institucional.
Durante muchos años, miles de chiapanecos talentosos han visto cerradas las puertas por la burocracia, el compadrazgo y la ausencia de una verdadera meritocracia. En lugar de impulsar el talento, con frecuencia se privilegian las relaciones personales. En lugar de facilitar la apertura de empresas, se multiplican los trámites. En lugar de celebrar el éxito, muchas veces prevalece la envidia y la descalificación hacia quien decide emprender.
Cuando una sociedad castiga al que progresa, termina condenándose al estancamiento.
El emprendimiento no puede seguir siendo visto como una excepción. Debe convertirse en una política pública y en una cultura social. Las economías más exitosas del mundo entendieron hace tiempo que la riqueza no la generan únicamente los gobiernos; la construyen millones de ciudadanos que crean empresas, innovan, invierten y generan empleo.
El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) ha colocado nuevamente a Chiapas en el último lugar nacional en competitividad. Esta posición refleja desafíos acumulados durante años en materia de productividad, infraestructura, educación, innovación, inversión y entorno para hacer negocios.
Las consecuencias son visibles.
Miles de jóvenes terminan abandonando el estado porque aquí no encuentran oportunidades acordes con su preparación. Muchos profesionistas aceptan empleos con salarios insuficientes. Otros sobreviven en la informalidad. Y quienes logran emprender enfrentan obstáculos administrativos, financieros y regulatorios que desaniman incluso a los más perseverantes.
El problema del empleo en Chiapas no es solamente la cantidad.
Es la calidad.
La mayoría de los empleos apenas permiten cubrir los gastos básicos. La inflación ha reducido el poder adquisitivo de las familias y ha hecho que miles de trabajadores, aun teniendo empleo, continúen viviendo prácticamente al día, sin posibilidades reales de ahorrar, invertir o construir patrimonio.
Pero el mundo demuestra que otra historia es posible.
Corea del Sur pasó, en pocas décadas, de ser una nación devastada por la guerra a convertirse en una potencia tecnológica e industrial gracias a la educación, la innovación, la disciplina y una visión de largo plazo.
China transformó su economía mediante infraestructura, apertura a la inversión, desarrollo industrial y una estrategia orientada a competir globalmente.
Costa Rica apostó por la estabilidad institucional, la educación, el fortalecimiento del capital humano y la atracción de empresas internacionales de alto valor agregado, convirtiéndose en un referente regional para la inversión tecnológica y los servicios especializados.
Ninguno de estos países cambió por casualidad.
Cambiaron porque entendieron que el desarrollo exige decisiones valientes, instituciones fuertes y una visión compartida.
Chiapas necesita mirar esas experiencias, adaptarlas a su propia realidad y construir una agenda que priorice el emprendimiento, la innovación, la educación financiera, la atracción de inversiones, la simplificación administrativa y el fortalecimiento del Estado de derecho.
No podemos seguir perdiendo talento por falta de oportunidades.
No podemos seguir expulsando a nuestros jóvenes.
No podemos seguir conformándonos con administrar la pobreza.
Ha llegado el momento de construir prosperidad.
Porque el verdadero cambio no llegará únicamente cuando una empresa extranjera decida invertir en Chiapas.
Llegará cuando los propios chiapanecos encuentren un entorno donde emprender, innovar y crecer sea más fácil que rendirse.
Estoy convencido de que Chiapas puede convertirse en uno de los estados más competitivos del sur de México.
Pero para lograrlo debemos sustituir la burocracia por eficiencia.
El compadrazgo por la meritocracia.
La envidia por una cultura de colaboración.
Y el conformismo por una visión de futuro.
Solo entonces dejaremos de hablar del enorme potencial de Chiapas y comenzaremos, por fin, a convertirlo en una realidad.
Continuará… ✒️
