Raúl Bonifaz /ASICh
La Secretaría de Educación Pública (SEP) tiene su origen en el decreto del 3 de Octubre de 1921, firmado por el entonces presidente de México Álvaro Obregón, quien nombro como su primer secretario a José Vasconcelos, desde ese entonces el edificio de la SEP se ubica en pleno Centro Histórico de la ciudad de México, en la calle de Brasil 31. Vasconcelos, fue previamente rector de la Universidad Nacional y el lema de la Universidad Nacional Autónoma de México “Por mi raza hablara el espíritu” fue propuesta suya.
Realizó una gran tarea, en los aspectos de la cultura y la educación, promueve en primer lugar la educación rural, en aquellos años la población campesina era la mayoritaria y para valorar lo realizado por este mexicano brillante, vale recordar al escritor Daniel Cosio Villegas al citar: “Vasconcelos era en primer término lo que se llama un intelectual, en segundo, era lo bastante joven no solo para haberse rebelado contra él, sino tener fe en el poder transformador de la educación; en tercero Vasconcelos fue el único intelectual de primera fila en quien un régimen revolucionario tuvo confianza y a quien dio autoridad y medios para trabajar”. Esa conjunción de circunstancias, tan insólita en nuestro país, produjo también resultados insólitos.
Iniciar un programa de educación rural no era tarea fácil, porque no había maestros preparados para ir a las comunidades rurales, entonces se improvisaron profesores para lo cual se nombraron maestros misioneros que tenían como tarea recorrer las zonas rurales para reconocer, en cada lugar, a la joven o al joven que tuviera más estudios que solo llegaba excepcionalmente al sexto grado de primaria y que estuviera dispuesto (a) a enseñar a los demás. El misionero lo capacitaba en su papel de maestro, después buscaba donde podía funcionar la escuela rural, si no había un local se organizaba con los pobladores para construirlo y lo dejaba instalado como maestro (a) en su nueva “escuela” (que era una aula modesta, construida con material de la región) con un pequeño sueldo. Así comenzó todo.
En esta enorme labor se contó con la decidida colaboración de los maestros Moisés Sáenz, Rafael Ramírez y Narciso Bassols, quienes haciendo propio el ideario de la educación rural, definieron lineamientos y programas específicos, para ser aplicados en la misma.
Se estudió la forma de ir dando preparación a los nuevos maestros (as) rurales y se pensó que era mejor utilizar los recursos humanos de las propias localidades, para garantizar su permanencia en ellas. La característica de esta Escuela y los maestros rurales radica en que la comunidad en su conjunto era motivo de su acción, es decir, los niños, los jóvenes y los adultos constituían su universo de trabajo y procuraban resolver con la participación de todos sus habitantes las necesidades básicas de la misma. (Organización que a la fecha se contempla en la educación comunitaria que actualmente ofrece el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE).
La escuela era la “casa de la comunidad” esperaban al maestro (a) para que educaran a los niños. Por eso, la participación de la comunidad ocurría desde su llegada. Asegurar que se quedara con ellos era una labor asumida por las autoridades, porque confiaban en ellos (as) para que sus hijos aprendieran a leer y escribir, además de que participaban en el cuidado de las parcelas escolares o la salud de los animales. La enseñanza del maestro rural era más amplia que el mero proceso de enseñanza-aprendizaje. (Hernández M., 2005).
Por eso, el compromiso de los maestros rurales se extendió a las comunidades. Su inclusión en los distintos aspectos de su organización interna queda como un testimonio del potencial de cambio del que eran portadores. En su mayoría, los maestros provenían de familias campesinas y de trabajadores de las ciudades, cuyo destino era ser campesinos o jornaleros. La ocupación del magisterio se atravesó en su camino y les cambió el destino.
A 95 años de la creación de la SEP, los maestros rurales fueron parte de la estrategia del Estado mexicano para transformar el país, no se tenía a los maestros requeridos con la preparación pedagógica adecuada, lo cual no fue impedimento para impulsar la educación en todos los rincones del país porque la educación en México se pensó a partir del compromiso. (López y Tedesco, 2002). ASICh
