Carlos Hiram Culebro Sosa
En su tercer informe de gobierno, el Presidente Felipe Calderón mencionó como desafíos históricos la crisis económica, la influenza, el crimen organizado, la caída en la producción de petróleo y la aguda sequía; señalando que éstos problemas obedecen principalmente a fenómenos exógenos e imprevisibles. Bajo la perspectiva del suscrito, el Presidente mencionó como novedad lo que debió haber sido su tarea desde el inicio de su gestión, con excepción de la influenza, por ser un padecimiento inesperado. Si en la primera mitad de su mandato no pudo con esos retos, cómo creer que por sólo mencionarlo va a poder ahora.
Como lo sabe toda persona que ha estudiado algo de sociología, los fenómenos exógenos existen, pero han existido siempre. Con Ruiz Cortines, López Mateos o Díaz Ordaz, por citar a tres expresidentes los trabajadores, a pesar de influencias exteriores y perniciosas, incrementaron considerablemente su salario real y la economía del país creció a ritmo sostenido y a una tasa mayor que la de la inflación y la del crecimiento demográfico.
Lo deseable es que Calderón pudiera unir a los mexicanos en torno a algún tema, a alguna acción, aunque prevalecieran diferencias. Atender el narcotráfico con el ejército no le propició esa alianza. En la campaña atrajó simpatías con su lema de las manos limpias, que era un compromiso de combatir frontalmente la corrupción, pero ha hecho muy poco. Según la revista “Proceso”, los hijos de “Martita” aprovecharon la posición de su madre para actuar con deshonestidad, sin recibir sanción alguna; las irregularidades de la Biblioteca Vasconcelos se taparon, y el saqueo en la nueva terminal del aeropuerto del Distrito Federal se solapó, para citar sólo tres sucesos; sin olvidar su promesa de campaña de eliminar la tenencia vehicular.
Es necesario que los gobernados percibamos que hay mando; y lo que vemos en la tv son únicamente algunos desplantes escenográficos, al igual que cuando López Portillo lloró ante las cámaras por la situación del peso mexicano.
Podría producir una amalgama de pensamientos a su favor un gabinete que generara confianza, pero muchos que encabezan dependencias federales son desconocidos, y los conocidos son destacados pero por su ineficacia o dudosa solvencia moral. Según la publicación arriba citada, Arturo Chávez reactivó protestas al ser propuesto para la PGR y otras contra Juan José Suárez Coppell en Pemex, a lo que podría seguir una larga lista de motivos de animadversión contra titulares de dependencias federales. A mi juicio, pareciera que los nuevos funcionarios -en el mejor de los casos- tienen más que aprender que lo que podrían aportar en sus nuevas responsabilidades.
En cuanto a adelgazar la burocracia y fusionar Secretarías de estado o desaparecer otras, es una tarea delicada pero debe hacerse en serio. Salvo la mejor opinión de conocedores del tema, como Wilfrido Galdámez, la Secretaría de Agricultura podría fusionarse con la SAGARPA, y otras de sus funciones con SEDESOL. Otras dependencias gubernamentales deben quedar a cargo de las entidades federativas, que es donde se enfrentan y resuelven los problemas, incluyendo la Secretaría de Educación. Olvidemos la centralización que heredamos del Virreinato. La Secretaría de la Función Pública no tiene sentido, como tampoco el Consejo de la Judicatura en el Poder Judicial, porque dependen de aquellos a quienes deben vigilar.
Igualmente importante sería -como se expresó en recientemente en otro artículo- el cancelar la partida de honorarios, pero también la de bonos, gratificaciones, sobresueldos y demás mecanismos que generan privilegios y diferencias.
Ante instancias gubernamentales débiles y una que otra hasta desprestigiada, es deseable que Calderón conformara un nuevo gabinete, integrado con ciudadanos altamente capacitados de todos los partidos y hasta apartidistas, pero comprometidos con un proyecto que de rumbo al país. Quizá un programa de cien días, pero eso requeriría muchas seguridad en sí mismo de parte del Presidente, de tener una idea clara de cómo va el país, y -sobre todo- de un gran patriotismo que obligue a que lo primero sea México y no el gobernante en turno.
Ante los errores, que sin duda alguna se han cometido, el suscrito se pregunta si esas fallas se verán propiciadas por la ideología panista del presidente, ¿o será que su doctrina partidista influye poco en sus equivocaciones? la respuesta que encuentra es que en ese partido, pero en todos los demás también, impera el cinismo de buscar el poder por el poder, sin concepto de patria.
Al pretender pensar en figuras que pudieran representar lo contrario de los cuestionamientos a Calderón, al suscrito le llegan a la cabeza el nombre de dos chiapanecos -con los que el lector pudiera no coincidir, a igual que con lo demás ideas de este texto- uno de ellos es del pasado y otro del presente: Don Patrocinio y Ma.Elena Orantes.
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