El presidentedel narco
Ricardo Alemán
Frente al narcotráfico, el gabinete de Calderón compite por disparates
El de Miguel de la Madrid, gobierno del narco, según libro de Gregorio Ortega
Si no es esquizofrenia, la del presidente Calderón y no pocos de sus colaboradores frente al narcotráfico es, por decirlo suave, una respuesta que coquetea con la irresponsabilidad.
Dice el Presidente que el narcotráfico penetró a sociedad y gobierno; dice su secretaria de Relaciones Exteriores que el narco opera sólo en tres estados de la República; dice su secretario de Turismo que la psicosis por la violencia criminal es culpa de los medios, y asegura su secretario de Economía, que de no actuar como lo hizo Calderón, “el siguiente presidente de la República sería un narcotraficante”. ¿Quién tiene razón? ¿A quién creerle?
Está claro, a los ojos de todos, que el crimen organizado y su brazo armado y violento, el narcotráfico, tienen presencia en todo el país; que las peleas por las plazas y las rutas de las drogas escalaron a niveles de ingobernabilidad en buena parte del territorio; que el dinero del narco ha penetrado casi todas las actividades sociales, económicas y políticas.
Todos saben que existen alcaldes, diputados locales, legisladores federales y gobernadores presuntamente implicados con el narco; que las campañas electorales en regiones bajo control del narco están fuertemente influidas por las bandas criminales; que policías de los tres órdenes de gobierno han sido penetrados, igual que altos mandos de la PGR.
Si todo lo anterior —y una realidad aún más preocupante— está a la vista de los ciudadanos en general, si se confirma todos los días a través del México real, resulta inexplicable, intolerable, si no es que irresponsable la esquizofrenia exhibida por el gobierno de Calderón. Y es que si se contrasta la postura del Presidente y sus secretarios con la realidad de la violencia, pareciera que asistimos a una competencia de disparates.
¿De dónde saca la canciller Patricia Espinosa que el narcotráfico está sólo en tres estados? ¿Quien informa a Rodolfo Elizondo, titular de Turismo, para que responsabilice a los medios de la creciente violencia en todo el país? ¿Qué información tiene Gerardo Ruiz Mateos, secretario de Economía —información, claro, que no sabemos—, para asegurar que el próximo presidente mexicano “podría ser un narcotraficante”, si no se combate al narcotráfico?
En el fondo, lo que está a discusión no es la salud visual o la capacidad oftálmica de los servidores públicos frente al flagelo del narco. Si bien es cierto que cada quien puede ver los problemas a partir del cristal que quiera, también lo es que todos conocen, perciben y entienden que se trata del más grave problema social, que sus efectos destruyen a miles o millones de familias y que por eso resulta una prioridad de seguridad nacional.
Más que puntadas, justificaciones para salir del paso, ocurrencias, o declaraciones chabacanas, los ciudadanos quieren del gobierno de Calderón respuestas serias, posturas congruentes, diagnósticos sustentados en datos duros. Frente a la gravedad del problema resultan urgentes posturas oficiales que estimulen confianza social y congruencia social, más que declaraciones disparatadas como las de Gerardo Ruiz Esparza.
Y es que si el secretario de Economía quiere hablar de un presidente con presuntos vínculos con el narcotráfico, pronto descubrirá que nada sabe del tema. En los próximos días encontrará en los estantes de las librerías de todo el país el libro Crimen de Estado, de Gregorio Ortega —editorial Plaza y Janés—, que revela precisamente los entretelones del gobierno de Miguel de la Madrid y sus presuntos vínculos con el crimen organizado y el narcotráfico.
Se trata de una investigación periodística presentada en estilo novelado, en donde Gregorio Ortega entrelaza a medio centenar de personajes reales de la clase política mexicana, con una decena de personajes ficticios —de los hombres más cercanos a Miguel de la Madrid—, y reconocidos narcotraficantes.
En su investigación, Gregorio Ortega llegó a la conclusión de que al asumir el gobierno, Miguel de la Madrid pactó con los cárteles de las drogas para, con ello, paliar la severa crisis económica que recibió al asumir el poder. Novela de la realidad en la que se pueden ver a Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca, Miguel Ángel Félix Gallardo, interactuando en un pacto inconfesable con los ficticios colaboradores del presidente Miguel de la Madrid.
Esa investigación le habría costado la vida al columnista Manuel Buendía, crimen ordenado por José Antonio Zorrilla. Desde 1982 el narco se metió hasta la médula de gobiernos priístas. Pero el tema es otro. ¿Quién pondrá orden en el gabinete de Calderón?
